Kashi
Beorc Mirmidón
Cadete
 
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Dios de la Velocidad
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Me quedé en silencio y estático al oír como ella empezaba a reírse de lo que había dicho. Al principio, me molestó un poco el que ella se tomase ese tema como algo cómico, aunque después de pensarlo un poco, me di cuenta de que, efectivamente, era algo gracioso si uno lo miraba desde otro angulo.
-No se... Tal vez estoy pensando mucho, pero no estoy seguro de que sea bueno todo esto.-Dije, suspirando y girándome para ver a la clériga-Tu eres una clériga de Ashunera, y yo soy un guerrero vagabundo. No quiero atarme a otras personas, porque eso hace mas difícil la partida. Ademas, no creo que tus votos te permitan amar a los demás.
Acercándome nuevamente a ella, me senté a su lado, compartiendo entonces su risa, al ver lo divertido del asunto. Tal vez los demás se quedaban mirándola como si fuese una diosa, o algo por el estilo, pero yo no era como los demás. No sabia bien porque, pero había algo en su belleza que me hacia pensar que no cuadraba a la perfección. Y ese algo hacia que yo no estuviera siendo tan afectado.
-Aunque te reíste, me escuchaste, lo cual te suma varios puntos a mi ver.-Dije, sonriendo mientras abrazaba a la chica con suavidad-Y no me molestas para nada, así que no te pediré que te marches.
Tras eso, me callé por unos segundos, mirando el cielo estrellado nuevamente, tratando de resolver un poco ese acertijo que se veía venir.
-Supongo que, si no existen votos de castidad entre las clérigas de Ashunera, tu tienes a alguien en vista, ¿o no?-Pregunté, en una clara intención de hacer conversación.
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