Fire Emblem: Shadows of the Empire
October 20, 2014, 12:54:56 pm
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Jugando entre bestias [Rydar y Déteka]

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Author Topic: Jugando entre bestias [Rydar y Déteka]  (Read 552 times)
Rydar
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The Lion King


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« Reply #15 on: March 23, 2011, 08:24:05 pm »

Mientras comenzaba a comer con ansia el pescado, Déteka salió del agua y se puso junto al fuego a calentar su cuerpo mojado, comenzó a  trenzarse su cabello, el calor de la lumbre se reflejaba en su rostro, destacando sus marinos ojos, iluminando de improviso aquella parte oscura de si misma que con celo escondía. sus gestos eran ensimismados, tristes, lejanos a esta realidad marina que nos rodeaba. De repente me preguntó.

-¿Que opinas del amor, Rydar?- El susurro de esas palabras lentamente volaron a través del aire llegando a mis oídos, al principio no comprendí claramente a qué se refería, pero un instante después meditando acerca de su significado, el recuerdo, animal depredador, atacó mi memoria ante la bajada de mi guardia, produciéndome un nudo de pena en la garganta.

-¿Por qué me preguntaba esto ahora?, estaba pasando un momento feliz y tranquilo, degustando unos cuantos peces que asentarían mi barriga durante un tiempo, solo necesitaba echarme un rato frente a la hoguera, mirar al cielo y dormir un rato, descansar la mente de tanta tristeza y de viaje sin rumbo.
Suspiré, supongo que era mi sino, la primera Beorc  que conocía en mucho tiempo y en la que parecía que podría llevarme bien con ella, no solo no tenía prejuicios, sino que además defendía con arrojo aquellos de nuestra raza que sufren por estar indefensos. Cómo es posible que precisamente esta persona, con la que esperaba hablar de otros múltiples temas de mi vida, tuviera el acierto de de clavar sus palabras en aquella herida que me desangra cada día y que solo deseo olvidar.

No me apetecía hablar de ello, sin embargo la observé, comprendí que por alguna razón ella había sufrido, además le debía mi historia al menos en gratitud por lo bien que se había portado conmigo y el cachorro.

Sonreí tristemente, entonces lentamente lancé la segunda raspa de pescado a la hoguera, con el fin de alimentarla y no ensuciar la hermosa playa con los restos de mi frugal banquete.

A continuación tomé el tercer pincho de pescado, ya tenía un aspecto bastante apetitoso, estaba parcialmente dorado, para mi gusto en su punto.
Me acerqué entonces un poco a Déteka,  con amabilidad y delicadeza tomé su mano, la abrí y puse el palo del pescado, tras ello con ambas manos cerré sus dedos, entonces la miré fijamente a los ojos y dije con amabilidad intentando animarla.

-No has comido nada pequeña, y te he prometido compartir el pescado, además las historias se disfrutan mejor con el estómago lleno.-Tras decir esto sonreí con amabilidad.

Entonces solté su mano, me tumbé, estiré plácidamente las piernas sobre la arena y puse mis manos en la nuca, tomando una postura cómoda, desde donde se veían los cielos permitiéndome pensar con claridad.


-Esa era una buena pregunta, ¿qué es para mi el amor?.-Entonces lentamente me puse a pensar

Si lo analizamos fríamente, el amor en si es una palabra, un conjunto de sonidos y letras que intentan explicar un sentimiento puramente humano, sin embargo todo esto es una mentira, un intento léxico con el que encarcelar, esclavizar y clasificar algo abstracto que no se puede explicar con palabras.
El amor no es un sentimiento estático o inamovible,tampoco es igual para todas las personas (como conseguimos reflejar al intentar nombrarlo mediante la escritura o la voz), todo lo contrario es libre, único para cada entidad, su significado para cada uno de nosotros depende en gran parte de un hecho, tu vida.
Por mi parte he de reconocer que para mí como para todos el amor tiene conciencia y entidad, Leylianna, la tigresa salvaje de los bosques de Zarzi, aquella que siempre a estado conmigo, aquella que amaba antes de saber que era el amor. Tras ello comencé a decir:

 -Déteka, el amor es vida,  es una pura y absurda ironía, la razón por la que continuo vivo,  aquello que me atrapa en un viaje sin fin, la fuerza que alimenta mi espíritu y permitirá cambiar mi destino.

-Soy un Ulíses vagabundo, náufrago de amor, sigo a la deriva sin mapa o brújula la corriente de tinta que Ashunera escribe para divertirse ante un pobre León desgraciado, no importa a donde llegue ni el tiempo que me lleve, solo camino para hacerme fuerte, fuerte para recuperar el amor que me han negado por el hecho de nacer. La búsqueda del honor con el que sentir algo que no necesita permiso, amor , un sentimiento que no debería estar permitido controlar.

-Provengo como quizá te imaginarás de la tierra de la tribu felina en concreto de Zarzi, su capital, en ella era hijo de nobles, de una de las familias más antiguas de leones.
Desgraciadamente como imagino que  habrás visto en tu viaje,este mundo tiene un gran problema, el racismo entre razas. Pues bien mi familia es racista, no solo para los Beorcs, sino también para los Laguz e incluso para nuestra propia tribu.
Desde niño me inculcaron con violencia su credo, en él solo estaba permitido relacionarse con la rama de los leones, todo contacto con otros seres diferentes era prohibido o casitgado.
He aquí la ironía de mi vida, de joven conocí a una hermosa tigresa, Leylianna, que con el paso del tiempo sería mi amada.


Mientras miraba al cielo recordé todos esos momentos que me unían a Leylianna, aquella vez cuando nos conocimos ella intentaba cazarme como a un gamo, como valerosa  me siguió hasta la Ágoreon, donde se convirtió en guerrera solo con el objetivo de estar juntos, como declaré mi amor por ella en el claro del bosque, cubierto de rosas azules.

-Como puedes imaginar mi familia no estaba deacuerdo con nuestro compromiso, tanto es así que propusieron matarla para alejarla de mi, no podía permitirlo así que nos batimos en un duelo, quedé como perdedor, por fortuna, conseguí el perdón para Leylianna, con la condición de ser desterrado de por vida sin poder volver a casa. Así viajo perdido y sin honor. Sin embargo no todo es desgracia, puedo volver si consigo ser lo suficientemente fuerte para ganar un duelo de honor, en el que recuperaré el derecho a volver para pasar mi vida junto a mi amada.

Tras ello me quedé mirando a Déteka tristemente, mis ojos  verdes brillaban a la intensidad del fuego, parecían dos espejos que enfocaban mi alma, mi rostro, joven a primera vista, bajó su guardia ante la tristeza, mostrando lo cansado y lo viejo que me sentía en estos momentos, por un instante mi melena perdió su rebeldía cayendo mansa sobre mis hombros, mis gestos irradiaban soledad, pero hice un esfuerzo y sonreí tristemente.

-¿No parece acaso mi historia una burla del destino?, amo lo que me han prohibido, creo en lo que es repudiado,  ¿por qué yo he tenido que ser el único de mi familia en comprender que no podemos ser racistas?, no tenemos el derecho imponer nuestra voluntad sobre los demás, tampoco podemos obligarles a dejar de pensar o sentir como deseen, somos libres de ser como queramos de amar a quien nuestro corazón indique, al igual que los demás también tienen derecho. Desgraciadamente para este cruel mundo, en el tiempo que llevo viviendo, esta virtud nuestra jamás se respeta, son siempre aquellas personas cuyo amor es más profundo y libre  las que son más castigadas, un claro ejemplo de ello son los estigmatizados, ¿Cómo es posible que criaturas tan bellas, por nacer gracias al amor entre dos especies hayan sido tan maltratadas y repudiadas?. He meditado durante muchos años acerca de como solucionar este problema, cómo conseguir liberarse de esta represión del amor, este racismo inhumano que envenena nuestra sociedad, mi conclusión es que  solo hay dos caminos posibles para el afectado, luchar por ello, asumir la tragedia siguiendo siempre adelante, siendo más fuerte para defenderse. O por el contrario huir de si mismo, sucumbir a la pena y el dolor, caminando pon un camino oscuro en que la ira y el odio nos autodestruya, conviertiéndonos en una copia de lo que nos ha provocado sufrimiento.

Llevaba mucho tiempo viajando y eso me daba perspectiva es cierto que cada vez era más fuerte, pero las dudas me corroían, ¿cuán fuerte he llegar a ser?,¿cuánto tiempo he de sufrir en este camino de anhelo y soledad para obtener aquello que ya nos pertenece de corazón?, no sabía la respuesta, solo una pequeña creencia, un sentimiento esquivo de que cuando llegara el momento sabría que estaba preparado para volver.

-Déteka, puede que parezca triste, pero estoy seguro de algo, jamás me rendiré y aunque me costara toda la vida, lucharé una y otra vez hasta recuperar a Leylianna. Es un promesa que le hice por mi honor y para los leones lo más valioso es el honor.


Tras terminar de decir esto, toda mi pena, mi soledad, mi rabia, se convirtió en pura determinación, mi cara anteriormente cansada, recuperó toda su juventud natural, mis ojos verdes brillaban como llamas llenas de vida y no solo por el efecto del fuego, mi cabello se volvió mas puntiagudo que nunca su rojo se encendió, asemejándose a un torrente de brillante lava pura, con toda esta energía y rabia dentro lancé un atronador rugido para expresar mis sentimientos, un rugido que se escucharía por todo la playa y el pueblo, capaz de disipar los pensamientos oscuros convirtiéndolos en algo luminoso, valeroso.*

[FDI: *Técnica: Rugido del León valeroso ]

 
 
« Last Edit: March 23, 2011, 09:45:16 pm by Rydar » Report Spam   Logged

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« Reply #16 on: March 24, 2011, 06:38:01 pm »

La pregunta llenó el silencio como si hubiera dicho algo prohibido, acallando hasta las olas del mar y el crepitar del fuego junto a nosotros. Aquella situación se alargó un segundo, pero después el chisporroteo alegre y cálido retomo su sonar, y el mar volvió a ponerse en movimiento. Mis dedos se hundían entre mis húmedos cabellos, a pesar de estar hecha ya la trenza, necesitaba mantener las manos ocupadas con algo, y ese algo era mi cabello rosado en aquel momento.

Supuso que ignoraría mi pregunta ante tal silencio, solo se había dedicado a comer ferozmente el pescado que el mismo había cazado con sus garras felinas. El olor del pez cocinado era agradable pero no tendría fuerzas suficiente para pedir uno, ni siquiera las tendría para comerlo. No tenía fuerzas para nada en aquel momento.

No me di cuenta ni siquiera de que Rydar cogía el último pescado, hasta que me tomó mi mano, y le miré, algo abstraída, intentando volver al presente y alejarme del pasado, aunque era una difícil tarea que me agotaba mentalmente. Al menos por ahora, lo estaba consiguiendo.
El tacto de sus manos ayudó a concentrarme. Pensé en la suavidad que presentaban, la fuerza de los músculos fibrosas bajo la tersa piel.

-No has comido nada pequeña, y te he prometido compartir el pescado, además las historias se disfrutan mejor con el estómago lleno.

Aquello consiguió sacarme una pequeña sonrisa. Cerré los dedos alrededor de aquel palo de mader que sostenía el pescado calentito aún.

-Gracias- Dije llevándome un poco de pescad a la boca, mientras pensaba en que me había dicho pequeña. Si, probablemente en comparación a su edad como Laguz, yo no sería más que una pequeñaja, pero aun así, para mi edad era bastante madura. Aunque en cualquier sitio, con tantos años y soltera no serías nadie en la vida, solo una vieja que se volvería loca estando sola eternamente y terminaría viviendo rodeada de gatos.
Reparé entonces en lo que había dicho. Me iba a contar una historia, pero no debía ser una historia cualquiera si se tomaba tanto tiempo en organizar sus ideas. Debía ser una historia especial, de esas únicas que se cuentan pocas veces en la vida. Su historia.

-Déteka, el amor es vida,  es una pura y absurda ironía, la razón por la que continuo vivo,  aquello que me atrapa en un viaje sin fin, la fuerza que alimenta mi espíritu y permitirá cambiar mi destino.

-Soy un Ulíses vagabundo, náufrago de amor, sigo a la deriva sin mapa o brújula la corriente de tinta que Ashunera escribe para divertirse ante un pobre León desgraciado, no importa a donde llegue ni el tiempo que me lleve, solo camino para hacerme fuerte, fuerte para recuperar el amor que me han negado por el hecho de nacer. La búsqueda del honor con el que sentir algo que no necesita permiso, amor , un sentimiento que no debería estar permitido controlar.

-Provengo como quizá te imaginarás de la tierra de la tribu felina en concreto de Zarzi, su capital, en ella era hijo de nobles, de una de las familias más antiguas de leones.
Desgraciadamente como imagino que  habrás visto en tu viaje,este mundo tiene un gran problema, el racismo entre razas. Pues bien mi familia es racista, no solo para los Beorcs, sino también para los Laguz e incluso para nuestra propia tribu.
Desde niño me inculcaron con violencia su credo, en él solo estaba permitido relacionarse con la rama de los leones, todo contacto con otros seres diferentes era prohibido o casitgado.
He aquí la ironía de mi vida, de joven conocí a una hermosa tigresa, Leylianna, que con el paso del tiempo sería mi amada.


Escuché en silencio sus palabras, intentando seguirle el ritmo a tanta floritura. Hasta aquel punto aquella historia no me gustaba. Sinceramente, se parecía demasiado a lo que yo ya había vivido, todo lo que había sufrido. No quería un final igual, porque jamas a nadie le podría desear lo que yo había sufrido, y vivía para seguir sufriéndolo. Pensé que debía ser difícil crecer sabiendo que eres distinto, que todo a tu alrededor esta en contra tuya. Si conocen como eres te odian, pero si tu te escondes te odias a ti mismo.

-Como puedes imaginar mi familia no estaba deacuerdo con nuestro compromiso, tanto es así que propusieron matarla para alejarla de mi, no podía permitirlo así que nos batimos en un duelo, quedé como perdedor, por fortuna, conseguí el perdón para Leylianna, con la condición de ser desterrado de por vida sin poder volver a casa. Así viajo perdido y sin honor. Sin embargo no todo es desgracia, puedo volver si consigo ser lo suficientemente fuerte para ganar un duelo de honor, en el que recuperaré el derecho a volver para pasar mi vida junto a mi amada.

Le miré a los ojos, confusa. ¿Por fortuna consiguió el perdón para su amada? ¿A cambio de que? ¿De no estar nunca junto a ella? ¿De desperdiciar la vida en una búsqueda de la fuerza para obtener el honor? No sabía que decir, estaba tan confusa que comencé a sentir rabia por todas las cosas que se estaba perdiendo junto a su amada, y por todo lo que estaba sacrificando por algo tan estúpido e insignificante como el honor. El honor no iba a darle de comer, no iba a hacerle feliz, solo sería honor. Coloqué el honor por encima del amor en mi lista de estupideces que no se deben cometer, y aquel era un puesto muy, muy alto.
Me alejé de mis sentimientos y miré en sus ojos. Aquel verde hoja había perdido el brillo, estaban completamente apagados, empañados de tristeza y de añoranza, de todas las cosas que tenía a su alcance por un sentimiento.
"No entiendo a los hombres..." Pensé alzando la mano para dejarla caer sobre su hombro con suavidad, y apretar con ternura sus músculos, en un pequeño gesto de apoyo. Pensé en Kurtz y en mi, hacía ya tantos años, cuando aún era joven e inocente, y mi alma y mi consciencia estaban limpias. Lo habíamos dejado todo atrás para estar juntos, habíamos renunciado al mundo entero, yo  misma habría dado mi vida a cambio de que él y Eric siguieran en este mundo, pero.. sin embargo, allí estaba Rydar, luchando durante años para alcanzar algo que seguía tan lejos como al principio. Para mi, que lo había perdido todo, que me lo habían arrebatado, lo que hacía Rydar era la estupidez más grande que había escuchado en la vida.
No pude evitar ponerme en el lugar de Leyliana. Allí, lejos, encerrada entre los que habían destrozado a su amor, los que los habían separado. Pensé que también era culpa de ella, por no enfrentarse al mundo, por ni intentar plantarle cara al destino. Si yo hubiera sido Leyliana, habría ido en busca de Rydar hacía ya mucho tiempo.

-¿No parece acaso mi historia una burla del destino?, amo lo que me han prohibido, creo en lo que es repudiado,  ¿por qué yo he tenido que ser el único de mi familia en comprender que no podemos ser racistas?, no tenemos el derecho imponer nuestra voluntad sobre los demás, tampoco podemos obligarles a dejar de pensar o sentir como deseen, somos libres de ser como queramos de amar a quien nuestro corazón indique, al igual que los demás también tienen derecho. Desgraciadamente para este cruel mundo, en el tiempo que llevo viviendo, esta virtud nuestra jamás se respeta, son siempre aquellas personas cuyo amor es más profundo y libre  las que son más castigadas, un claro ejemplo de ello son los estigmatizados, ¿Cómo es posible que criaturas tan bellas, por nacer gracias al amor entre dos especies hayan sido tan maltratadas y repudiadas?. He meditado durante muchos años acerca de como solucionar este problema, cómo conseguir liberarse de esta represión del amor, este racismo inhumano que envenena nuestra sociedad, mi conclusión es que  solo hay dos caminos posibles para el afectado, luchar por ello, asumir la tragedia siguiendo siempre adelante, siendo más fuerte para defenderse. O por el contrario huir de si mismo, sucumbir a la pena y el dolor, caminando pon un camino oscuro en que la ira y el odio nos autodestruya, conviertiéndonos en una copia de lo que nos ha provocado sufrimiento

Me guardé las carcajadas amargas que deseaban salir. ¿Una burla del destino? ¿Realmente me decía a mi que su historia era una burla del destino? Un sentimiento de impotencia y rabia comenzó acrecer en mi interior. ¿Que tipo de destino era aquel que te dejaba esperanzas y no eras capaz  de tomarlas? Rydar era uno de los pocos que aún podía darle gracias al destino. Seguía vivo. Leyliana seguía viva. Aún podrían tener un lugar en el mundo, aun podrían seguir enamorados, juntos. Podrían tener hijos, ser felices... Amar lo que estaba prohibido no era malo, solo era diferente. Y las prohibiciones solo son creencias estúpidas, y cada uno tenía que aprender a forjar sus creencias.

Cuando escuché una palabra en sus labios las lágrimas se agolparon en mis ojos. Los estigmatizados... no entendía al resto del mundo. Un estigmatizado.. un mestizo. NO había criatura más maravillosa que ellos. Eran la prueba viva de que el amor existía en todos, y que no importaba como fueras, ni lo que fueras. NI un Laguz ni un Beorc estarían a la altura de un Estigmatizado. El odio que había visto en ojos de otros niños cuando era pequeña nunca lo había entendido. ¿Porque se debía odiar lo que no conoces? Pensé en la primera vez que vi a Kurtz. No era más que una niña, y él me salvó, a pesar de todas las diferencias que había entre uno y otro, porque en aquel momento yo era una chiquilla indefensa, y él la única persona capaz de ayudarme. Y aquel miedo inicial, dio paso a la curiosidad, del uno por el otro. Y había sido uno de los mejores momentos de mi vida, a pesar de estar lleno de oscuridad, lobos y mi sangre. Llevé la mano a la cicatriz de la pierna derecha. La yema de mis dedos pasó por la piel, pálida en contraste con el ligero bronceado de mis piernas. Las cicatrices blancas en formas circulares, en algunos puntos las marcas de colmillos y dientes tenían líneas de desgarre, y marcaban la pantorrilla de forma grotesca, pero aquella era una cicatriz a la que nunca le perdería el cariño. Podría decirse que sin aquella cicatriz nunca habría conocido las cosas buenas de mi vida, aunque mis errores me llevasen a perderlas.

-Déteka, puede que parezca triste, pero estoy seguro de algo, jamás me rendiré y aunque me costara toda la vida, lucharé una y otra vez hasta recuperar a Leylianna. Es un promesa que le hice por mi honor y para los leones lo más valioso es el honor.[/b/]

El rugido atronador resonó por toda la playa, con la fuerza de la naturaleza en todo su esplendor. La arena se movió a nuestro alrededor con la brisa, extendiéndose a nuestro alrededor, como si temiera alcanzar a aquella majestuosidad animal. Mi mano seguía aferrada a la cicatriz de la pantorrilla derecha cuando, con la vista perdida en el mar, comencé a hablar.

-Aunque no creo que me creas, conozco como te sientes. Y solo tengo una cosa que decirte, Rydar... -Me detuve un segundo. Le miré con mi determinación y mi furia reflejada en los ojos.- Lo que haces es estúpido. Podrías vivir con ella, ser feliz. El honor no te hará feliz nunca, ella sí. Puedo asegurarte que soy una persona que conoce lo que es amar lo prohibido, amar con ta fuerza que entregarías tu vida y tu corazón a cambio de cualquier tontería que la otra persona te pidiese. Por eso lo único que puedo decirte es que te levantes ahora mismo y vayas  a por ella, antes de que el destino te la arrebate definitivamente, como me hicieron a mi. 

 Me callé y miré el mar, algo arrepentida de haber dicho las últimas palabras, de forma rápida y apasionada por mis recuerdos y mi dolor. Si me preguntaba por mi historia se la contaría, igual que había contado él la suya propia, pero no me gustaba ver la expresión de otras personas al escuchar mi vida. Siempre, aquellas expresiones de pena, de lastima... no. Era incapaz de soportar aquello, por que sabía que en el fondo, aquello era todo mentira. Que las personas que ponían esa cara, harían lo mismo. Matarían a un hermano, a una hija, por algo tan grande y a la vez tan pequeño como amar a una persona.

« Last Edit: March 25, 2011, 05:15:51 pm by Déteka » Report Spam   Logged

El viento no podrá llevarse tu nombre, ni el fuego quemar tus recuerdos, por que cuando cierro los ojos, aún puedo oír tu voz.
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« Reply #17 on: March 26, 2011, 07:34:12 am »

Ya comenzaba a quedarme sin aire, mi rugido fué apagándose lentamente, como el tañido de las olas tras  romper en la orilla, la rabia que me consumía se había desvanecido con el sonido de mi garganta, es cierto lo que dicen, en momentos de furia  lo mejor es gritar, gritar con todo el sentimiento hasta desfallecer porque al terminar te sentirás mucho mejor. Todo aquello que te atormenta saldrá de tu cuerpo dejando el interior calmo, en paz, al menos durante un tiempo.
Me regodeé un poco en esta sensación y poco después volví mi mirada hacia Déteka, me observaba, sus ojos tocaron los míos transmitiéndome un sentimiento de furia y determinación con el que asesinar mi alma. La respuesta de un alma atormentada que comprendía el dolor hacía otra que intentaba luchar contra él.

-Aunque no creo que me creas, conozco como te sientes. Y solo tengo una cosa que decirte, Rydar...Lo que haces es estúpido. Podrías vivir con ella, ser feliz. El honor no te hará feliz nunca, ella sí. Puedo asegurarte que soy una persona que conoce lo que es amar lo prohibido, amar con ta fuerza que entregarías tu vida y tu corazón a cambio de cualquier tontería que la otra persona te pidiese. Por eso lo único que puedo decirte es que te levantes ahora mismo y vayas  a por ella, antes de que el destino te la arrebate definitivamente, como me hicieron a mi.

Sonreí tristemente, lo que había manifestado no me era ajeno, pues ese argumento atormentaba mis sentimientos, egoistamente aparecía numerosas veces en las noches solitarias susurrándome a la mente de forma maliciosa, que todo lo que hacía era estúpido, Leylianna me estaba esperando, los años pasaban y estábamos perdiendo nuestras vidas por una absurda disputa de honor, ya podríamos habernos establecido en algún otro lugar, lejos de Zarzi, lejos de los absurdos preceptos racistas, sin permiso de mi familia. Probablemente en alguna pequeña ciudad costera como esta, siempre nos preguntábamos como sería el mar, viviríamos en una casita de madera frente a la orilla mientras disfrutábamos de nuestra juventud.

Pero me estaba engañando, todo eso no era más que un absurdo sueño, ¿sería capaz de hacernos eso?, es probable  que fuéramos felices, pero a qué precio..., huir, escondernos en la lejanía, dejar nuestro lugar de nacimiento, nuestra querida tierra, como si dos traidores fuéramos. Todo por miedo a un absurdo sentimiento, racista y arcaico, que ya debería haber sido aplastado hacer mucho tiempo, sin embargo ahí continuaba exultante, poderoso como si acabara de dictarse, burlándose de nosotros y de otras gentes sentado en su trono, disponiendo que amor es bueno y cual abyecto.
Si huyéramos mi voluntad se quebraría, ya no sería más yo, sino una sombra de lo que soy, amaría a Leylianna con todo mi corazón, pero cada vez que la mirara a los ojos vería como por culpa de mi debilidad habíamos huido de nuestro hogar, condenando una vida de felicidad sin mancha, legítima, como deberían ser toda que esté cimentada bajo el amor, donde nadie tuviera derecho a criticarla, o eliminarla.

Además si no era ni siquiera  capaz de enfrentarme a mi familia, para defender mi amor, mis preceptos, ¿como podría defender a Leylianna de otros males que asolan las tierras salvajes cuando huyéramos?, probablemente ya no sería solo una familia, sino un pueblo racista en contra de los Laguz, o el Imperio...
Si, el Imperio, ¿qué le impediría a este dictar si resultaba victorioso como relacionarnos con los demás? ¿Y si decidía matar a todos los Laguz?, no volvería a ver a Leylianna

No..., si con mi fuerza actual no podía ni vencer a mi familia, cómo roto y sin honor podría hacer frente a otros desafíos, qué haríamos ¿huir de nuevo?, ¿huir constantemente renegando al enfrentamiento porque no soy lo suficientemente fuerte para defendernos?,  nuestro amor estaría condenado al fracaso.

!Jamás no haría eso!, nos destruiría, había que luchar, hay que erradicar este maldito racismo entre razas, todo el mundo huye y se ha visto que no es efectivo, así que hay que tomar medidas drásticas, si amas algo hay que ganarlo, mi familia no lograría quitarme del medio, me haría mas fuerte, defendería nuestro amor roto, lucharía contra todo aquel que lo impidiera o que atacara al amor de otras personas, es la única forma con la que podría mirar al rostro a Leylianna, si acaso muriera, por lo menos lo haría con honor y defendiendo mis creencias.

Con determinación miré a Déteka, sus palabras eran algo ciertas, pero no era lo correcto, huir no es el camino:

-Déteka, entiendo lo que quieres decir, no es solo el honor,   se trata también de mi mismo, ¿crees que soportaría huir?, condenar mi relación, algo bueno y legítimo por el simple hecho de que no soy feliz, de que no soy lo suficientemente fuerte para luchar contra lo que me oprime, no soportaría renunciar a ser como soy, a lo que verdaderamente sé que es lo correcto por un acto egoísta.
Eso es precisamente lo que quiere mi familia, y todos esos malditos racistas que asolan esta tierra, que nos rindamos, que escondamos nuestra cabecita en la falsa idea de libertad que nos da la huida, el adormecimiento de los sentidos por el amor conseguido, la culpa nos hace débiles y cuando por fin obtuviéramos algo de felicidad, ellos vendría a quitárnosla, exterminarán todo lo que amamos mientras se  ríen de nuestra necedad por pensar que la huida había sido un éxito, que estando escondidos nos dejarían en paz para seguir con nuestras vidas.


-!NO!,-dije mientras golpeaba con mi puño el suelo con todas mis fuerzas- no pienso aceptarlo, haré lo único que no se esperan, aquello que verdaderamente temen, que nos rebelemos, que luchemos contra sus creencias de forma tan feroz que sean ellos los que nos teman, los que huyan sin descanso, escondiéndose de la condena que desplegaré bajo la fuerza de mi furia , te aseguro que cada uno de estos pequeños grupos ridículamente racistas me temerán, no porque les vaya a dar la muerte, si no porque sufrirán un castigo que no podrán soportar, la pérdida de su poder, el sentimiento de impotencia  al convivir entre personas de todas las razas de forma semejante, sin prejuicios. El horror que precede a la claridad, la toma de conciencia de los horrores que han causado por el simple hecho de creerse mejores que los demás.-La furia destilaba por mis poros, mis rasgos se hicieron más leónidos en esos momentos, pues la injusticia que vivía hacía que mi corazón hirviera de odio.

-Hasta entonces no volveré con Leylianna, nadie podrá hacerme cambiar de opinión, lo juro por mi honor, que es lo único que nos convierte a las personas en iguales.

Me quedé mirando con furia a sus ojos, sus palabras no habían echo sino encender más la llamas de mi determinación.

Sin embargo había algo que me intrigaba, Déteka decía que me comprendía, que sabía lo que era entregar su amor sin condiciones, para luego que te lo arrebataran, sus comentarios me daban a entender que ella también había sufrido, que le habían arrebatado algo muy querido, pero que por el contrario a ella no le importaría tragarse su honor y buscar lo que verdaderamente le importaba, el amor.

Le preguntaría su historia, así comprendería finalmente como verdaderamente se sentía, que era lo que tanto parecía atormentarla.

Con un movimiento suave acerqué mi mano a su mejilla, y la acaricié suavemente, era suave, aunque estaba tensa, como intentando contenerse, tras ello la miré a los ojos y le dirigí una sonrisa amable.

-Si es cierto que has amado lo prohibido y has perdido tu corazón en el camino, quiero comprender cómo te sientes, quiero saber que dolor atormenta tu alma,aquello que a empujado a tan hermosa, joven y amable muchacha a este estado de pena y rabia que destila tu mirada. Prometo  escuchar atentamente, de forma imparcial, sin juzgarte.

Tras ello me senté con las piernas cruzadas, mirando atentamente a sus ojos, poniendo todo mi ser en la historia que esperaba escuchar.  
« Last Edit: March 26, 2011, 07:45:23 am by Rydar » Report Spam   Logged

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« Reply #18 on: April 03, 2011, 06:34:28 am »

Al escucharme la sonrisa triste que se pintó en su rostro me recordó a la de Kurtz. Él muchas veces tenía esa sonrisa. Siempre se había avergonzado de que por su culpa yo y Eric tuviéramos que vivir escondidos, y aunque se sentía culpable, yo jamas le habría culpado por algo así. A mi nunca me había importado vivir escondida, no necesitaba gritar a los cuatro vientos que estaba enamorada de Kurtz y que le amaba, solo necesitaba que él lo supiera. Para mi nuestro amor era algo especial, que escondido estaba a salvo del mundo, que así era perfecto. Nunca habría necesitado más que arropar a mi hijo por la noche y besar a mi amor cuando despertara por la mañana.

Desvié mi vista al mar. No era capaz de sostener una mirada que no me veía realmente, que estaba perdida en los pensamientos. Porque sabía que Rydar estaría teniendo mucho que pensar con aquello, y que estaría aturdido, furioso, triste y cabreado al mismo tiempo. En mi cabeza todavía quedaban ecos de su rugido, teñido de rabia y fuerza. Yo jamas había gritado así. Ni siquiera me había permitido llorar más de lo necesario. Los recuerdos los quería herméticos, y llorarlos solo ayudaba a olvidaros. Lamentablemente, los únicos sentimientos que conseguían que el rostro de Kurtz no se borrase completamente de mi memoria era el dolor y la tristeza. En cierto modo era una forma de gozar de las heridas, que de todas formas sabía que no tendrían cura alguna hasta que muriera.

Miré nuevamente a Rydar, que destilaba una determinación arrolladora y esa fuerza tan característica que le salía por todos los poros de su leónica piel.

-Déteka, entiendo lo que quieres decir, no es solo el honor,   se trata también de mi mismo, ¿crees que soportaría huir?, condenar mi relación, algo bueno y legítimo por el simple hecho de que no soy feliz, de que no soy lo suficientemente fuerte para luchar contra lo que me oprime, no soportaría renunciar a ser como soy, a lo que verdaderamente sé que es lo correcto por un acto egoísta.
Eso es precisamente lo que quiere mi familia, y todos esos malditos racistas que asolan esta tierra, que nos rindamos, que escondamos nuestra cabecita en la falsa idea de libertad que nos da la huida, el adormecimiento de los sentidos por el amor conseguido, la culpa nos hace débiles y cuando por fin obtuviéramos algo de felicidad, ellos vendría a quitárnosla, exterminarán todo lo que amamos mientras se  ríen de nuestra necedad por pensar que la huida había sido un éxito, que estando escondidos nos dejarían en paz para seguir con nuestras vidas... !NO! no pienso aceptarlo, haré lo único que no se esperan, aquello que verdaderamente temen, que nos rebelemos, que luchemos contra sus creencias de forma tan feroz que sean ellos los que nos teman, los que huyan sin descanso, escondiéndose de la condena que desplegaré bajo la fuerza de mi furia , te aseguro que cada uno de estos pequeños grupos ridículamente racistas me temerán, no porque les vaya a dar la muerte, si no porque sufrirán un castigo que no podrán soportar, la pérdida de su poder, el sentimiento de impotencia  al convivir entre personas de todas las razas de forma semejante, sin prejuicios. El horror que precede a la claridad, la toma de conciencia de los horrores que han causado por el simple hecho de creerse mejores que los demás


Su puño se estrelló contra la arena, haciéndola saltar por los aires, alcanzando mi ropa y la suya, y pegándose donde el agua salada aun no se había secado con el calor del sol, que brillaba sobre nosotros. En una fracción de segundo fui yo la que dejó de ver el color verde de sus ojos para ver otro tiempo. La brisa del mar azotó mis cabellos a mí alrededor. Aquellas palabras eran duras para mí, demasiado duras. Yo era fuerte, yo había luchado por mi amor. No había huido. Si, podría haber escogido el camino fácil, marcharnos lejos donde nadie pudiera dar con nosotros, pero… para nosotros, aquello no había sido una condena, no había sido algo malo. Había sido nuestra vida,  sin renunciar a nada excepto de aquello que no queríamos. Y nunca habían jugado conmigo, eso era algo que no hubiera permitido.  Puede que me hubiera vengado, pero no por destruir mi vida, si no por asesinar a mi familia. Y la destrucción de mi familia la había propiciado yo misma, con un descuido, confiándome demasiado en que estábamos seguros. Todo había sido mi error, algo que no podría reparar.
-Rydar, lo que dices es prácticamente imposible. No son unos grupos, son muchísimos. Millones de personas que odian el mestizaje. Y eso es algo que no podremos cambiar, por mucho que luchas. Tanto Laguz como Beorc odian mezclarse, y mientras ninguna de las dos razas ceda y acepte completamente a la otra, no podrá empezar realmente un cambio. Por mucho que los mandamás aseguren que la amistad entre las tierras está implantada, ambos sabemos que no es cierto.
-Hasta entonces no volveré con Leylianna, nadie podrá hacerme cambiar de opinión, lo juro por mi honor, que es lo único que nos convierte a las personas en iguales.[/color]

Nos sostuvimos la mirada un largo segundo. Sus verdes ojos miraban con furia y determinación, y los míos con una triste resignación. El vivía de la esperanza, de ideales maravillosos, el  buscaba cambiar el mundo y a las personas, el vivía por un futuro. En cambio yo vivía de la derrota y del dolor, de lágrimas amargas nacidas de la desesperación más profunda, del odio y la venganza, vivía destrozando almas, yo vivía arrastrando el pasado. Uno en un punto de partida y el otro en un punto donde ya no había retorno. 
-Si es cierto que has amado lo prohibido y has perdido tu corazón en el camino, quiero comprender cómo te sientes, quiero saber que dolor atormenta tu alma,aquello que a empujado a tan hermosa, joven y amable muchacha a este estado de pena y rabia que destila tu mirada. Prometo  escuchar atentamente, de forma imparcial, sin juzgarte. [/color]

Cerré los ojos mientras sus dedos acariciaban mi mejilla en un gesto tierno. Temblaba por dentro, todo mi cuerpo en tensión. Me abracé las rodillas y abrí los ojos, desviando mi mirada al mar de nuevo.  Intentaba pensar en que decir, porque mi voz se había quedado congelada, aunque mi corazón latiera de forma frenética dentro de mi pecho, tan fuerte que podía escuchar la sangre martillear en los oídos, y sentirla en las puntas de los dedos, que habían comenzado a temblar ligeramente.  Me abracé a mi misma con más fuerza. Le debía una historia, porque él me había dejado escuchar la suya, y yo lo había hecho atentamente, pero, ¿estaba preparada para contar todo la historia? ¿Tendría Rydar la fuerza suficiente para escucharla? Por lo que yo veía sí.
Otro miedo me asaltó. Si le contaba mi historia, ¿me miraría Rydar con otros ojos? No soportaba que me mirasen con pena, que se apiadasen de mí. Yo no necesitaba la pena de nadie, la que sentía yo misma me era más que suficiente, o tal vez demasiada.
Rydar, antes de nada… tengo que advertirte vale? Comencé cerrando  los puños sobre las rodillas, apretándolas contra el pecho, como obligándome a expulsar el aire que respiraba, porque por unos segundos había olvidado que tenía que respirar. – No puedo saber si estás preparado para lo que vas a oír, ni siquiera sé si yo estoy preparada para contártelo. Eres una de las pocas personas, por no decirte la única, que va a escuchar mi historia. A lo que iba… esto no es bonito, ni agradable de escuchar, no esperes un final feliz porque no lo habrá. Y… sobre todo, cuando la escuches, no quiero que me mires con pena, o con lastima. ¿De acuerdo?

Suspiré un instante y cerré los ojos, rememorando lentamente todos los detalles de mi vida. ¿Por donde debía empezar? ¿Le contaba solo lo que él buscaba conocer o un todo? ¿Cuántas cosas podría mencionar y cuantas debía censurar? Los ríos de sangre entre mis piernas y el dolor del vientre aparecieron en mi cabeza. Definitivamente aquella parte era una de esas que debía censurar en cierta medida, a pesar de que un par de palabras nunca serían capaces de describir el dolor de mi experiencia. Entrelacé los dedos balanceándome suavemente de adelante a atrás, jugueteando con la arena entre los pies.
- Vale… para empezar… yo nací en un pueblecito muy pequeño, en los territorios colindantes con Mugill. Un pueblo antiguo con antiguas costumbres y leyes oxidadas. Mi padre era el cazador de la zona y vivíamos algo lejos, en el bosque...- Aunque mis ojos miraban en el mar lo único que veían era la cabaña en el bosque. No recordaba mucho de aquella época, pero lo suficiente. Era capaz de recordar a mi madre, ligeramente, sus cabellos tan rosados como los míos, y los ojos igual de azules, pero algo más pequeños. Cuando yo tenía unos 6 años murió al dar a luz a mi hermana. Mi padre nunca había superado realmente su muerte, en cierto modo podía entenderle, aunque le odiara. Aquello hizo que siempre tuviera mimada a mi hermana, la cual creció entre algodones, al menos los que mi padre podía proporcionarle. Siempre habíamos estado enfrentadas, y yo siempre la había culpado que mi bonito mundo se rompiera un poquito. No sabía hasta que punto aquella niña haría que mi mundo se viniera abajo.- Mi madre murió en el parto de mi hermana. Nos criamos solas con mi padre. Erin y yo siempre nos peleábamos y una de esas veces, una noche de tormenta me fui corriendo al bosque. No recuerdo exactamente cuántos años tenía, pero fue entonces cuando le conocí. Unos lobos me atacaron y apareció salvándome.
En aquella parte de la historia mi mente empezaba a gritar que me detuviera. No podía seguir recordando tantas cosas dolorosas seguidas, porque cada imagen que venía a mi mente me hacía evocar el final de aquella  historia. Miré la cicatriz de mi pierna derecha. Aquella noche había dejado secuelas físicas en ambos. El también había terminado con cicatrices de fauces y colmillos en la piel lupina y en la humana también. Pero fue en el corazón donde se quedaron las huellas más profundas. Aun no llegaba a explicarme como años de enseñanzas estúpidas se habían disuelto en una fracción de segundo. ¿Qué había sido? ¿El miedo? ¿La adrenalina? ¿O simplemente habría sido amor desde el primer momento?
Respiré hondo perturbada, intentando ponerme encima de todos mis sentimientos y mis recuerdos, y proseguir con lo que estaba contando.
-Era algo mayor que yo, pero aquello nos unió. Crecimos juntos y terminamos enamorándonos. Con…-Me paré un segundo  a recordarlo.- con  16 años me dijo que nos marcháramos de allí y lo hice. Estábamos muy enamorados…
En aquel momento llegaron a mi mente los recuerdos más dulces de mi vida. Aquel principio lleno de miedo, de ilusiones. Recordé la primera vez que le entregué mi cuerpo. Al principio me había sentido mal, porque no estábamos casados, pero después me dio igual. Todo había sido precioso en aquel momento. Me había sentido tan embriagada de felicidad e ilusiones, todo tan bonito, que nunca podría haber pensado lo que me esperaba unos años después. Pero aún así, aquellos años siempre estarían atesorados en mi corazón. Había sido feliz a su lado, siempre lo había sido. Nuestro amor había sido incondicional siempre, dulce, tierno. Nos habíamos protegido el uno al otro, habíamos construido un hogar juntos, empezando desde cero. 
-Vivimos juntos unos años. Me quedé embarazada…- una vez dicho pensé  si había sido buena idea. No quería hacerle que se sintiera mal si escuchaba toda la historia a la completa. Sabía que había debía ser sincera, pero aun así…-[color=violet[ Ahora que lo pienso, fuimos muy deprisa para todo… pero acogimos bien a aquel bebé para lo jóvenes que éramos. Aunque es ahora cuando veo que era demasiado joven. Entonces aquello había sido el colmo de mi felicidad. [/color]
Pensé en que era algo extraño que Rydar no hubiera percatado todavía que mi cuerpo había pasado un parto. Mis caderas habían quedado más anchas, y Kurtz me había dicho muchas veces que como animal había sido capaz de distinguir como mi cuerpo, viéndolo como a una criatura, había pasado de ser el cuerpo de una hembra joven al de una hembra  en plena maternidad. Supongo que para los animales sería más fácil distinguir cada mínimo detalle, el aroma, las formas del cuerpo… no lo sabía. Como humana, aparte del pecho y las caderas ensanchadas, no veía nada más. Había muchas cosas de los Laguz que podía comprender, pero que escapaban a mis posibilidades.
Miré el mar y el cielo, como el sol arrancaba brillos dorados de la superficie del mar. Brillos dorados que me recordaban al fuego, crepitando entre las paredes de mi hogar y arrasando mi mundo, el humo llenando mis pulmones, la sangre escapando de mi cuerpo, como si intentara huir ella sola del horror que vivía. En aquel instante empezaba una parte de mi historia donde yo me transformaba completamente, donde había dejado de ser una madre llena de ternura a ser una guerrera corrompida por la venganza. Aquello no había forma de decirlo suave, mientras más rápido lo dijera, menos doloroso sería.
-Más o menos un año después de dar a luz mi padre y mi hermana aparecieron donde vivíamos, escondidos en una cabaña del bosque con un grupo de hombres. –Mi voz comenzó a temblar, recordando el miedo que había sentido. No había ninguna forma de explicar el horror que había sentido, ese dolor que se te metía en los huesos, que te ahogaba el cerebro y la respiración, que no te dejaba ver el mundo si no era a través de una cascada de lágrimas… el horror de ver morir un hijo era algo que no debía sentir nadie. Mis dedos temblaron con violencia, aquella imagen nunca se borraría de mi cabeza… mi hijo, llorando, ahogándose en las manos de su propio abuelo, sin nadie que pudiera ayudarlo.
¿Por qué el mundo tenía que ser tan cruel con una criatura tan pequeña? Mi hijo, que ni siquiera había podido ver el mundo, que había vivido tan solo un año escaso. Ni siquiera le había aprendido aún a decir alguna palabra coherente, nunca lo había escuchado llamarme mamá, y ya nunca podría hacerlo. Y todo por ser un mestizo. Un bebé que mal podía hacerle al mundo, cuando ni siquiera era capaz de andar si no era agarrado a mi mano…
-Nos mataron. A todos.-Fue la única forma que encontré de resumir aquel horror.- Después quemaron nuestro hogar y nos dejaron allí. Yo… ni siquiera sé porque sigo viva…

Entrelacé los dedos de mis manos y bajé la vista, apoyando la cabeza en las rodillas. Tenía los ojos enrojecidos, porque estaba aguantando las ganas de llorar. No me gustaba llorar. No quería llorarlos, porque llorar no me los iba a devolver, solo conseguiría que me sintiera todavía más destrozada por dentro, más vacía. Y cada vez que recordaba mi historia, aquel vacio se mezclaba con el dolor que tenía guardado en mi pecho.
Lentamente aquellas lágrimas pasaron de ser de dolor, a ser de rabia.
-Pero sobreviví gracias a un estigmatizado que se apiadó de mi. Y cuando me recuperé fui a buscar lo único que deseaba. Venganza.
Tu tienes razón Rydar, los Beorc somos la raza más horrible, sangiunaria y despiadada que pude existir en esta tierra, porque al igual que me hicieron morir a mi, yo los maté a todos. Yo… -
Le miré, temblando, y con la voz rota.- Maté a mi propia familia, al igual que ellos mataron a la mia.
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« Reply #19 on: April 03, 2011, 12:44:24 pm »

Mi sutil gesto de afecto provocó un efecto extraño en Déteka, con forme pasaba mi mano por la mejilla, su cuerpo se tensó de forma exagerada, sus manos abrazaron las rodillas con mas  fuerza, como cuando una persona que ahogándose, antes de sucumbir a la debilidad y dejarse hundir encuentra una roca a la que aferrarse, parecía aterrada, por un momento dejó de respirar, ya casi me iba a levantar para hacer que reaccionara, cuando por fortuna tomó una profunda bocanada de aire.
Lo más intrigante es que esta reacción la provocara mi simple caricia, ¿acaso los Beorcs no estaban acostumbrada a los abrazos o a las muestras de afecto?, ¿había sido un error mío tomarme esa confianza con ella?, no lo sabía, pero rebuscando en mi mente, recordé numerosas situaciones que había vivido en las que los Beorcs expresaban su cariño por los demás con gestos parecidos a los de los Laguz.

Quizá fuera por que no nos conocíamos lo suficiente, he notado que los Beorcs al conocer a alguien son escrupulosamente correctos, pero no afectivos, como si estuvieran a la defensiva, no solo con los Laguz sino entre ellos mismos, por lo visto necesitaban convivir entre si mayor tiempo para demostrar algún signo de cariño.
En eso los Laguz somos diferentes, puede que sea por el instinto animal con el que nacemos, para nosotros el simple hecho de acercarnos para olernos ya es un signo de interés y cariño, tanto más si lo acompañamos de un lametazo o un gruñido suave.
Pero no, aquí había algo diferente, no había sido por mi excesivo atrevimiento, hasta hace poco habíamos dado muestra de llevarnos perfectamente, de hecho soportó alegremente las burradas que solté sobre su cuerpo con una sonrisa.
Lo que fuera que provocara este estado de estupor había sido por el esfuerzo de recordar algo de su pasado.


Como para confirmar mis sospechas con la voz quejumbrosa y débil me dijo:

-Rydar, antes de nada… tengo que advertirte ¿vale?. No puedo saber si estás preparado para lo que vas a oír, ni siquiera sé si yo estoy preparada para contártelo. Eres una de las pocas personas, por no decirte la única, que va a escuchar mi historia. A lo que iba… esto no es bonito, ni agradable de escuchar, no esperes un final feliz porque no lo habrá. Y… sobre todo, cuando la escuches, no quiero que me mires con pena, o con lastima. ¿De acuerdo?

Me estaba asustando, ¿qué terrible historia podría haber vivido para comportarse de esta manera?, no era normal, muy pocas personas se comportaban así al preguntarle por su vida, su gestualidad y comportamiento, hacían suponer que el pasado de Déteka había sido salvajemente doloroso, tanto que cada vez que intentaba expresarse se bloqueara en si misma, comportándose de esta forma.

Que manifestara que probablemente fuera la única persona a la que en confianza, le contaría su historia, no hizo más que mostrar que confiaba en mí lo suficiente para compartir su vida,-sonreí entonces levemente-según  expresaba, más que vida su historia era secreto trágico que la atormentaba.
Su prohibición de no mostrar lástima o pena, me chocó, los sentimientos no se pueden controlar totalmente, si algo te causa ira siempre a la larga se va manifestar en tu lenguaje corporal a pesar de tu intento de controlarla, que me pidiera que fingiera ante algo que todavía no había sentido es algo extraño e inútil, los sentimientos fuertes no hay que guardarlos ni se pueden ocultar , hay que exteriorizarlos, si no al final se quedan en tu interior, destrozándote por dentro.
Mientras discurría esto Déteka cerró sus ojos, suspiraba mientras ya se concentraba, cavilando, ordenando sus pensamientos para conformar el relato que estaba a punto de escuchar, su vida.
Comenzó lentamente a mecerse hacia delante y hacia atrás, este movimiento lo había visto antes en Laguz y Beorcs desesperados, que han sobrevivido físicamente a una tragedia, pero en cambio su mente había sufrido una mortal herida, que no podían aceptar, el movimiento según creo es una imitación del gesto de “acunar”, o “mecer” con el que nuestras madres nos clamaban de bebés.

Mientras seguía en esta guisa, Déteka inició su relato...

- Vale… para empezar… yo nací en un pueblecito muy pequeño, en los territorios colindantes con Mugill. Un pueblo antiguo con antiguas costumbres y leyes oxidadas. Mi padre era el cazador de la zona y vivíamos algo lejos, en el bosque...
Mi madre murió en el parto de mi hermana. Nos criamos solas con mi padre. Erin y yo siempre nos peleábamos y una de esas veces, una noche de tormenta me fui corriendo al bosque. No recuerdo exactamente cuántos años tenía, pero fue entonces cuando le conocí. Unos lobos me atacaron y apareció salvándome.
Era algo mayor que yo, pero aquello nos unió. Crecimos juntos y terminamos enamorándonos. Con…con  16 años me dijo que nos marcháramos de allí y lo hice.
Estábamos muy enamorados…
Vivimos juntos unos años. Me quedé embarazada…
Ahora que lo pienso, fuimos muy deprisa para todo… pero acogimos bien a aquel bebé para lo jóvenes que éramos. Aunque es ahora cuando veo que era demasiado joven. Entonces aquello había sido el colmo de mi felicidad
Más o menos un año después de dar a luz mi padre y mi hermana aparecieron donde vivíamos, escondidos en una cabaña del bosque con un grupo de hombres.
Nos mataron. A todos.
Después quemaron nuestro hogar y nos dejaron allí. Yo… ni siquiera sé porque sigo viva…

Mientras escuchaba este terrible relato, no pude evitar fijarme en el rostro de Déteka, sus sentimientos reflejados en el espejo físico de su alma, se sucedían rápidamente, caóticos, multicolores, como la piel del camaleón, durante todo su relato mantuvieron una constante sentimental, el miedo, miedo a revivir continuamente esos recuerdos cadavéricos que sepultaban poco a poco su alma. Dolor por perder injustamente a su familia.
Solo hubo una excepción, una grieta en su losa de dolor, la etapa en la que hablaba de su vida con su amor y su hijo, aquello pareció alegrarla por un momento, sutilmente su rostro derrochaba amor, pero pronto la imagen se quebró dando paso a mas miedo y muerte.

Ya escondía su rostro entre las rodillas, buscaba un pequeño hueco para esconder su rostro,  donde controlar inútilmente la pena que escapaba de sus ojos.

Pero todavía quedaba la parte más trágica del relato...

-Pero sobreviví gracias a un estigmatizado que se apiadó de mi. Y cuando me recuperé fui a buscar lo único que deseaba. Venganza.
Tu tienes razón Rydar, los Beorc somos la raza más horrible, sanguinaria y despiadada que pude existir en esta tierra, porque al igual que me hicieron morir a mi, yo los maté a todos. Yo…
Maté a mi propia familia, al igual que ellos mataron a la mía.


Su tragedia supuso una bofetada sentimental a mi alma, mi rostro se endureció, mis pupilas se contrajeron al máximo, la furia invadía mi interior, la intentaba controlar pero inevitablemente, se  manifestaba en mi cuerpo tenso, miré a Déteka a los ojos salvajemente,  con furia asesina, pero sin embargo no estaba enfadado con ella, sino con su familia y aquellas asesinos malditos que asaltaron su casa en los bosques para erradicar a su familia aquellos seres que la obligaron en convertirse en lo que era ahora, una asesina. No la culpaba, es más la comprendía, en el fondo nos parecíamos, quién sabe si yo hubiera echo lo mismo en su situación, el odio y la desesperación son muy difíciles de dominar.
Pero tras mi furia, se escondía un sentimiento extraño, cómico, estaba confuso no era normal sentir burla o risa por la tragedia de los demás, sin embargo ahí estaba.
Pensé que me estaba volviendo loco o un insensible, sin embargo tras revisar su historia y la mía di con la razón.. entonces miré a Déteka comencé a lanzar una carcajada alegre.

-Jajajaja, lo siento Déteka, no es que me ría de tu historia.-tras ello me serené y seriamente le dije- Al contrario,la furia hierve en mi interior,  lo que has vivido es una injusticia inhumana, !!esos malditos hijos de perra...!!!-entonces lancé un gruñido violento- el castigo que te han obligado a soportar es... terrible, la culpa y el dolor deben de ahogarte, lo siento...- dije amablemente- pero..., te apoyo, te entiendo perfectamente, has sufrido lo indecible más de lo que cualquiera pudiera soportar sin volverse loco, no se que hubiera hecho en tu situación, quizás los hubiera masticado a todos o quizás no, eso no podemos saberlo ya que yo no soy tu, ni tu eres yo.
La oscuridad y la culpa que invade tu corazón no es diferente a la que se oculta en mi interior, y se lo difícil que es convivir con ella.


Con solemnidad le dije:

-Ya te he dicho que los Beorcs y Laguz no somos ni mejores ni peores, solo somos diferentes. Nosotros también tenemos nuestras cosas horribles.

Entonces comencé a sonreir amargamente.

-Pero no puedes negar que la situación que nos plantean nuestras historias es cuanto menos cómica.
Tu eres una Beorc “hija de la razón” pero como contrapartida, en vez de controlarte,has dejado que tus oscuros y salvajes sentimientos explotaran y te enloquecieran, desencadenando como consecuencia la matanza de tu familia.
En cambio yo, Laguz “hijo de la fuerza” soy un animal que solo se deja llevar por el instinto y los sentimientos oscuros, pero soy incapaz de hacerlo, pues los ato bajo un férreo control personal, guiándome solamente por la razón y el pensamiento.
Somos dos seres iguales, dos caras de una misma moneda Det, sin embargo la moneda está irónicamente invertida.
-dije sonriendo.

Pensé profundamente cómo podría ayudarla, intenté ponerme en su lugar, me resultaba tremendamente difícil, pues no sabía que era ver morir a tu amor platónico, tu hijo y el fruto de tu vientre no nato.
Pensé ¿Qué haría yo si mi familia asesinara a Leylianna? ¿sería capaz de a sobreponerme a un dolor y odio natural?¿sería capaz de comprender que la venganza no era el camino para solucionar el problema, ya que en el fondo me despedazaría a mi mismo, solo para aplicar un castigo que en el fondo no tendría efecto ninguno sobre los asesinos, al fin y al cabo por mucho que tortures a alguien, cuando se muere le da lo mismo...
¿Comprendería acaso en mi locura que controlarme y pensar un castigo mas cruel y constructivo que la muerte era una idea más aceptable?. Sinceramente no lo se, y eso es preocupante.

Pensé entonces en Déteka la culpabilidad y el dolor la deberían estar matando lentamente, nadie debería sobrevivir a su familia y mucho menos por culpa del racismo de otras personas.
Esto no podía continuar así, había que sacar a la pobre muchacha de su pozo, costaría mucho trabajo y tiempo pues sus heridas son profundas, pues mostraba que su interior parecía un paisaje asolado y yermo, donde no crecerían más sentimientos buenos.
Sin embargo, se que podría volver a vivir, bajo esa capa de pena y dolor había aparecido un mínimo resquicio de alegría y cariño cuando contaba su historia, lo único que tendría que hacer es aceptarse a si misma y perdonarse, luchar por creer que todavía no estaba muerta y que tenía demasiada vida por delante como para despreciarla.
En ese momento decidí algo, la ayudaría a luchar por vivir.

-No esperes de mí palabras de apoyo o consuelo, ni siquiera me la digo a mi mismo..., además la mayoría son falsas, no sirven para nada, solo tengo un consejo, y puede que no estés deacuerdo conmigo o que incluso te enfades, pero no te dejes caer en esta desesperanza, no te suicides lentamente, si has sobrevivido es por alguna razón, vive por tu familia y lucha, lucha por tu vida..., actualmente la ayuda que se me ocurre esta, tómalas si quieres, si no, lo entiendo, no pasa nada. -dije sonriendo amablemente.

Entonces abrí mis brazos, invitándola a un abrazo.
« Last Edit: April 03, 2011, 03:27:32 pm by Rydar » Report Spam   Logged

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« Reply #20 on: April 04, 2011, 09:42:12 am »

Desvié la mirada, avergonzada de mi misma, de haber dicho la verdad. No podía decir que me arrepintiese de haber matado a mi familia, porque entonces estaría mintiendo. Haber dado muerte al asesino de mi hijo, ciertamente, aquello había sido un placer cuando lo hice, pero no implicaba que estuviera orgullosa de ello. Era una asesina, de la peor calaña, porque mi vida me había hecho ver que a la familia no se le hacía daño, nunca.

El silencio frío que se instaló entre Rydar y yo me hizo pensar si no me estaría equivocando al haberle contado aquello. Era realmente difícil de asimilar cuando lo vivías, así que escucharlo así, debía sonar como un cuento, una simple historia inventada para causar lastima, o para hacer ver al mundo los horrores del racismo entre las razas, pero era tan real como el mismo.

Pensé que no iba a responder cuando una carcajada clara nació del fondo de su garganta.

Jajajaja, lo siento Déteka, no es que me ría de tu historia. Al contrario,la furia hierve en mi interior,  lo que has vivido es una injusticia inhumana, !!esos malditos hijos de perra...!!! pero..., te apoyo, te entiendo perfectamente, has sufrido lo indecible más de lo que cualquiera pudiera soportar sin volverse loco, no se que hubiera hecho en tu situación, quizás los hubiera masticado a todos o quizás no, eso no podemos saberlo ya que yo no soy tu, ni tu eres yo.
La oscuridad y la culpa que invade tu corazón no es diferente a la que se oculta en mi interior, y se lo difícil que es convivir con ella.


Al escuchar su risa di un pequeño respingo, aun abrazada a mis rodillas. Escuchar su risa después de decir en alto algo tan difícil, personal e intimo, en vez de enfurecerme, o hacerme sentir peor, simplemente me sorprendió, y en cierto modo me tranquilizo. Ni siquiera yo era capaz de reír con tanta naturalidad ante un hecho semejante, que el lo hiciera decía muchas cosas, aunque no todas podían ser buenas. Aquella risa consiguió alejarme un poco de mi historia.

Aunque una parte de sus palabras me hizo pensar. Yo ya estaba loca. No convivía con mi "oscuridad y culpa", como él había dicho, si no que intentaba sobrevivir a ella, ahogándome una y otra vez en aquella oscuridad que me embriagaba. No había más en mi que oscuridad, venganza y odio.

-Pero no puedes negar que la situación que nos plantean nuestras historias es cuanto menos cómica.
Tu eres una Beorc “hija de la razón” pero como contrapartida, en vez de controlarte,has dejado que tus oscuros y salvajes sentimientos explotaran y te enloquecieran, desencadenando como consecuencia la matanza de tu familia.
En cambio yo, Laguz “hijo de la fuerza” soy un animal que solo se deja llevar por el instinto y los sentimientos oscuros, pero soy incapaz de hacerlo, pues los ato bajo un férreo control personal, guiándome solamente por la razón y el pensamiento.
Somos dos seres iguales, dos caras de una misma moneda Det, sin embargo la moneda está irónicamente invertida.


Pensándolo así, tampoco yo fui capaz de aguantarme una carcajada cargada de amargura e ironía. Tenía razón, jodidamente tenía razón. Ambos eramos justamente eso, dos caras de la misma moneda. El mundo y el destino me parecían estúpidos y caprichosos, jugando desde algún punto de universo con todas las vidas que pendían de sus manos, y por la historia de Rydar, y la mía propia, se divertían como nadie jugando con las personas. Le miré con una triste sonrisa en los labios, admirando aquella fuerza que poseía, que irradiaba por todos lados. Él teniendo unos impulsos aún más fuertes que los míos como Beorc, era capaz de mantenerse por encima de ellos, no se dejaba dominar, pensaba con la cabeza y no con el corazón cuando sabía que era necesario abandonar los malos sentimientos, y yo en cambio me dejaba llevar por mi corazón, sobre todo en los momentos más amargos y menos indicados.

No esperes de mí palabras de apoyo o consuelo, ni siquiera me la digo a mi mismo..., además la mayoría son falsas, no sirven para nada, solo tengo un consejo, y puede que no estés deacuerdo conmigo o que incluso te enfades, pero no te dejes caer en esta desesperanza, no te suicides lentamente, si has sobrevivido es por alguna razón, vive por tu familia y lucha, lucha por tu vida..., actualmente la ayuda que se me ocurre esta, tómalas si quieres, si no, lo entiendo, no pasa nada.

Sonreí jugueteando con la arena entre los dedos de los piel. Realmente, tal vez alguien que pudiera consolarme o apoyarme cuando lo perdí todo habría podido cambiar mucho las cosas. Si realmente hubiera tenido a alguien en quien confiar, un hombro donde llorar, donde caer rendida, no habría hecho todas las cosas que hice, pero hoy en día de poco iba a servir. Aún había muchas lágrimas por verter, por todas las cosas que había perdido y me había negado a llorar, muchos sentimientos de los que deshacerme, pero no podía hacerlo aún, porque los recuerdos, a pesar de los años, seguían ahí.

Cuando Rydar abrió los brazos, lo miré, con extrañeza, sin saber que era lo que me estaba ofreciendo, hasta que lo comprendí. Un... abrazo. Nunca sabría que expresión reflejarían mis ojos, pero todo en mi interior se hizo un lio. Allí estaba él, grande, pelirrojo, con los ojos verdes y amables esperando a que me decidiera si estrecharlo o no, pero yo... yo no sabía que hacer. Llevaba años, si, años sin abrazar a una persona de verdad, sin entregarme a otros brazos con confianza e intimidad. Por una vez, mi corazón no sabía que hacer, en vez de exclamar a gritos lo primero que se le ocurría. Miré el torso de Rydar, dudosa. Estaba tan cerca, y al mismo tiempo tan lejos para mi...

Temblando ligeramente, alcé un poco los brazos, acercándome  a él vacilante, como un niño pequeño que intenta aprender algo que no sabe, solo que yo sabía como hacerlo, pero lo había olvidado. Mis brazos pasaron con suavidad alrededor de su cintura hasta que nuestros cuerpos estaban juntos. Dejé que mi abrazo tembloroso y vacilantes se cerrara a su alrededor y apoyé la cabeza en su hombro, cerrando en los ojos.
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« Reply #21 on: April 05, 2011, 06:17:28 am »

Esperando con los brazos abiertos, observaba como aquella pobre muchacha, dudaba.

   Dudaba entre abrazarme o no, entre dejar que el contacto físico con otra persona la arropara, calmándola, dejando que toda aquella montaña de dolor construida con motas de pesar y culpa se resquebrajara, permitiendo que las lágrimas limpiaran el pesar, provocando un aluvión de sentimientos, sedimentados, sepultados bajo capas de autodeterminación y negación, enterrados en roca sentimental canstigándola con su peso.
   Con el transcurso de mi larga vida, he podido comprobar que las palabras no consuelan verdaderamente, solo son eso, palabras, sonidos que entran por los oídos y con presteza salen de ellos para no volver, la voz y el lenguaje en si son incapaces de consolar y expresar los sentimientos de la forma en que deberían, para romper las barreras mentales que nos ponemos no hace falta una frase bien elaborada,tampoco  una cara triste, eso es inútil, en cambio, necesitamos de  un gesto más sencillo, mas tribal y arcaico, que data de la época en que el lenguaje no existía.
La solución es tan sencilla y a la vez tan difícil que ni se nos ocurre. Un abrazo.
   
         La comprendía, debe de ser extraño para cualquiera que un ser que hace escasas horas tenía la misma importancia para ella, que una piedra pulida del camino, o un hierbajo seco que aplastas sin remordimiento, escuche tu historia, no solo eso, que te ofrezca un abrazo, un lugar de consuelo en vez de palabras formales o cara de pena.
   La miré, al principió no supo interpretar mi gesto, su mirada me miraba interrogativamente, prenguntándose y preguntándome al mismo tiempo, ¿qué es lo que pretendía? (no era una pregunta, pero cómo decirlo de otro modo...), tras fugaces instantes, algo cambió en su rostro, un brillo de entendimiento apareció en su mirada, dejando paso a más miradas de duda no por no saber, sino por hacer o no hacer.
   Su cuerpo comenzó a temblar, a dudar como su mirada, sus brazos hacían aspavientos, ya comenzaban a alzarse pareciendo aceptar mi abrazo, ya volvían a esconderse, abrazando de nuevo sus rodillas.

   Así paso el tiempo, o el menos eso creía, pues solo las olas, con su incansable tic-tac introducían ritmo a ese momento de estasis temporal.
Con cada nuevo intento, una ola rompía su camino en la orilla, pareciera que estas mismas ondas marítimas también fragmentaran sus dudas, pues tras lo que parecieron años de espera, finalmente un brillo de determinación iluminó su mirada, tímidamente, casi con temor, Déteka aceptó mi abrazo, levantándose con delicadeza, y avanzando paso a paso con sus brazos dirigidos a mí, me recordó a los cachorros humanos, esos pequeños y simpáticos polluelos que aprenden a caminar cuando pretenden alcanzar aquello que mas le importa, el calor y el cariño de sus padres.
Ya comenzaba a rodearme por sus brazos la cintura, temblaba, sus brazos ya rozaban, suavemente mi cintura al cruzar sus manos el camino al mi espalda, en un último instante cuando la punta de sus dedos rozaron mi espina dorsal,su contención de desapareció, fundiéndonos con vigor en un amargo abrazo.
   Su cuerpo estaba húmedo, el mío también, el agua del mar apenas se había secado de nuestros cuerpos, la arena pegada a nuestros cuerpos rozaba la piel, arañando, rasgando el espacio que nos separaba...

   Su cabeza calló lánguidamente sobre mi hombro, su abrazo era suave, delicado, casi se dejaba sostener, creo que su vigor se agotó en el último instante de indecisión. Por el contrario yo la abrazaba con fuerza, amargura, trasmitiendo mediante el contacto lo que para mi voz estaba vetado. El tiempo volvía a detenerse, ni siquiera se escuchaban las olas, para mí todo era oscuro, cruel, los recuerdos me embestían y su tristeza se unía a la mía, ahogándonos. En contraste el abrazo era  salvaje y agrio, no solo expresaba una muestra de cariño, también representaba la forma suprema de comprensión y apoyo que padecíamos.

   Una gota calló  en mi frente, ¿acaso estaba llorando?, dos, tres, cuatro...la lluvia exteriorizó aquello que luchábamos por encadenar...El trueno tronó en la lejanía...

   -!!!!!Eh, sucia bestia, y tu furcia, dejaos ya de penas, mira que regalito os traigo!!!!- A una prudente distancia se observaba un hombre bastante alto, bastante familiar, era el mercenario que hace poco habíamos asustado, por lo que parecía no venía solo, un pequeño grupo de 3 o 4 hombres se divisaba fácilmente,  tras ellos había un carro, tirado por mulas, en el que reposaba un fardo de gran tamaño y de forma cúbica. Pero eso no era lo que llamó mi atención, en ese instante me di cuenta de lo que señalaba el infame mercenario,en su mano, la pequeña cría de leónencito que habíamos salvado, luchaba por liberarse, al parecer, el mercenario se había tomado su tiempo para vengarse.

   Lo que sucedió a continuación no pude preverlo o imaginarlo, creía que solo se burlaba de nosotros, pero no..., el destino al parecer no esta carente de cierta ironía.

   -!!!Mira lo que le hago a vuestro amiguito mierdoso!!!, una pena..., cierto..., tenía pensado convertirle en mi nueva mascota pero por culpa vuestra le deseo un trato más..., especial...- Entonces se sacó una daga de la bota y con brutalidad y salvajismo comenzó a apuñalar al leoncito, una, dos, tres...La agonía de la cría era inenarrable, maullaba..., gemía de dolor..., se retorcía en su mano..., sus mordiscos eran inútiles..., sus arañazos más todavía..., su hora había llegado..., con un último quejido fue desangrándose lentamente..., diminutos arroyuelos carmesíes por donde se escapaba su vida...-!!!Y ahora, el postre!!!, !!! Zeolon, Feras!!!, !!!sacad nuestras mascotas!!!- Con la presteza que caracterizaba a las personas que temen una paliza, sus zánganos descargaron el extraño fardo del carro, tras ponerlo en el suelo, lo destaparon, era una jaula, en su interior dos Laguz comenzaron a gruñir de forma brutal y desquiciada, eran un joven Lobo y una Tigresa.Los zanganos abrieron la jaula y los sujetaron con collares- Bien pequeños-dijo el mercenario dirigiéndose a los Laguz -!Es hora del festín!- Entonces arrojó el pequeño cuerpo apuñalado de la cría a la jaula, los Laguz, al olor de la sangre se lanzaron sobre su cadáver, desgarrándo su carne entre sus fauces... ya carmesíes por la sangre, peleaban por el mejor trozo, tirando..., retorciendo..., tronchándo ese pobre cuerpo anteriormente lleno de vida.

   La escena se convirtió en el triunfo de mercenario, en una muestra de sadismo y tortura salvaje, ese pobre idiota había firmado su sentencia de muerte...

   -¿Veis?, ha sido divertido ¿verdad?, JAJAJAJA..., !!!así es como deberías ser tratados todos, como mascotas, como bestias listas para alimentar a los Beorcs!!!, buenos chicos, buenos Feralis...

   El horror me había congelado, noté como mi corazón daba un vuelco y se partía en pedazos, cada puñalada era como clavarme una daga ardiente en mi ser, quemándome las tripas, succionándome la vida que ya se le escapaba al cachorro. No pude hacer nada..., mientras observaba todo como un espectador indolente, intenté que mi cuerpo reaccionara, pero no podía, mis piernas no respondían, ni si quiera mis párpados pudieron cerrarse con el fin de evitar ver este espectáculo macabro, cuando el cabrón del mercenario no contento con acribillar al leoncito a puñaladas, destapo el contenido de la jaula, mis cuerpo comenzó a temblar, eran Laguz, hermanos, enjaulados como animales. Olían de forma diferente, se comportaban de forma diferente, mis instintos comenzaron a gritar, no eran Laguz normales, eran Feralis, bestias dopadas con droga, que los hacían mas poderosos, pero a cambio perdían toda su humanidad, convirtiéndose en máquinas de matar salvajes.

   El mercenario metió el cuerpo de la cría en la jaula, entonces acudí a un espectáculo aún más trágico y desolador, mis hermanos se comieron a una cría de su sangre.
   Mis piernas temblaron, la vista se me nubló ante tanta violencia, y débil caí al suelo arrodillado, mi fuerza se había esfumado, la culpa y el horror me golpeaban no podía aceptar lo que estaba viendo, !mis propios hermanos!, eran bestias sin piedad, criaturas alejadas a lo totalmente somos. Observé que ya se relamían los dientes, habían acabado pronto su comida, solo quedaba huesos...y no pude hacer nada, golpeé con mi cabeza el suelo y comencé a morder la arena con los dientes intentando calmar mi pena estaba húmeda por la lluvia, los truenos tronaban sin cesar, parecían los tambores tribales que alientan un sacrificio a los dioses.

   Con cada nueva risotada, la furia comenzó a crecer en mi interior, mis pupilas se cerraron músculos se tensaron, mis dientes se apretaron hasta casi partirse, los granos de arena crujían en mi boca y de mis dedos sin yo quererlo comenzaron a salir garras, rompiendo mi piel humana, hacíendome sangrar, estaba perdiendo el control... Clavé mis uñas a mis brazos, por el simple echo de sentir dolor, apaciguar con él, aquel sentimiento de culpa que me embargaba, me estaba desquiciando, los iba a matar a todos...de las entrañas de mi garganta, lacé el rugido más fuerte y desesperado que alguna vez pronuncié, estaba cargado de odio.
   Me fijé de nuevo en los Laguz y la verdad me aplastó mi cara, la diosa se estaba descojonándo viva de nosotros...,un lobo y una tigresa...no era posible...tantas casualidades, tanto dolor no podía ser todo al azar.

   Me levanté entonces, mi pelo estaba erizado, mis ojos echaban llamas, la lluvia empapaba mi vista, sabía lo que tenía que hacer, mi instinto me embargaba, me obligaba a matar..., miré entonces a Déteka, y algo se rompió en mi interior, esta situación...me recordaba algo...
 Entonces una luz apareció en mi interior, el ver el rostro de Déteka y precisamente a esos dos Laguz convertidos en Feralis me mostró que... no quería ser como ellos. No quería ser un asesino. Comencé a jadear, para controlarme...,pero... no podía..., así que pensé “al diablo el control” voy a necesitar todo este odio para vencerlos, espero que con forme avance la pelea me sepa controlar...si no...estoy jodido...

Con una mirada salvaje y una sonrisa agria observé los ojos de Déteka, y le dije.

-Me pido los Laguz...-Entonces corrí hacia  ellos y me transformé, estaba listo para machacarlos.
 
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« Reply #22 on: April 07, 2011, 04:51:13 pm »


A través de la humedad de la ropa el calor de su cuerpo acarició el mio mientras sus brazos se cerraban a mi alrededor. Hacía tanto tiempo que alguien no me abrazaba así que al principio fue una experiencia agobiante y algo claustrofobia, con algunos de su pelo rojizo cayendo sobre mis ojos cuando se movía, pero, sin que me diera cuenta, aquel contacto comenzó a gustarme. El calor de otra persona rodeándome, ofreciendo un pequeño espacio en aquel mundo tan gigantesco como frío, alguien me permitía apoyar la cabeza en su hombro después de tantos años, había alguien que era íntimamente capaz de entender mi dolor, sin mostrar pena o lastima, como si yo fuera un perro apaleado por el destino. Simplemente me había escuchado y me mostraba comprensión y consuelo. Si mi corazón no hubiera sido tan frío e inquebrantable, probablemente en aquel momento ya estaría llorando a lágrima viva.

Me deje desfallecer en sus brazos y respiré su aroma, que tenía aquel toque salvaje que todos los Laguz poseían, y que a mi tanto me perturbaba. Era un olor que me habría gustado conservar en mi propia piel, tenerlo para siempre cuando mi amor se había marchado, pero no había sido así. Lo único que había podido conservar el día que me lo arrebataron fue el olor a humo en el pelo y el horror reflejado en los ojos. Pero aquel tiempo era cosa del pasado, y había conseguido que casi todas las marcas que fueran visibles a simple vista se borrasen,a excepción de las cicatrices de la espalda. Por ello nunca me quitaba la camisa a excepción de estar completamente sola, lo cual era lo más normal para mi, pero con Rydar, alguien que en una escasa mañana había conseguido un nivel de complicidad y amistad que nadie  había conseguido antes de él por más que alguno (recalquemos alguno) había intentado, casi podía creerme que con el tiempo conseguiría deshacerme de todo mi dolor. Pero claro, casi me lo creía.

Aquel abrazo resultaba tan cálido y reconfortante que apenas me había dado cuenta del frío viento que comenzó a azotar la playa, levantando la arena y moviendola en pequeños torbellinos aquí y allá, haciendo que se me metiera en los ojos y se pegase a la ropa mojada. Al alzar la vista al cielo me dí cuenta de que el sol se había apagado, llevándose consigo aquella hermosa mañana, como si mis propios recuerdos hubieran ahogado el presente junto con los de Rydar, haciéndolo tan gris como nuestras vidas. Tardé un poco en darme cuenta de que empezaba a llover, primero una gota en el tobillo, otra en el hombro, precipitándose sobre mi como pequeñas agujas heladas que intentasen atravesar la piel al caer, pero que tan solo conseguían rebotar, salpicando la piel de alrededor.
Alzar la vista me hizo verlos desde bastante lejos, lo cual, no me gustó nada, y mientras más se acercaban, menos me gustaba. Cuando estuvieron lo suficientemente cerca fue cuando Rydar, que estaba de espaldas a ellos, se percató de aquella nauseabunda y pestilente presencia junto a nosotros. Lo primero que vi no fueron a aquellos hombres, ni al gordo, si no al pequeño niño sujeto por las ropas, sus lágrimas caer sobre las mejillas mientras lloraba desconsolado. Me recordaba tantas cosas, que solo aquel hecho hizo que la sangre me ardiera en las venas, alejando el frío de la tormenta que se avecinaba y el tibio calor de los brazos de Rydar. Solo existía el ardor de la ira en mi interior, arrasando todo lo demás.

-!!!!!Eh, sucia bestia, y tu furcia, dejaos ya de penas, mira que regalito os traigo!!!!

Intenté separarme de Rydar pero sentí una cosa que me horrorizó completamente. Sus brazos se habían agarrotado alrededor de mi cintura, convirtiendo el comprensivo abrazo en una horrible cárcel que no me dejaba escapar por ningún sitio. Sabía que con los brazos tan agarrotados por la impresión sería incapaz de separarlos sin hacerle daño, y por abajo... tenia un buen par de razones delante que no me dejarían llegar muy abajo entre los brazos de Rydar. Me maldije a mi misma, a mi genética y a mis enormes pechos varias veces mientras intentaba forcejear.

Necesitaba coger un arma y plantarle cara, no estar allí mirando como si fuera gilipollas. Necesitaba actuar, era lo que me pedía a gritos el cuerpo, pero me era imposible no hacer otra cosa que forcejear con Rydar mientras intentaba soltarme, mirando de hito en hito los mandobles a dos pasos por detrás de mi, y al gordo con el niño colgando entre sus asquerosos dedos a unos metros de distancia.

 -!!!Mira lo que le hago a vuestro amiguito mierdoso!!!, una pena..., cierto..., tenía pensado convertirle en mi nueva mascota pero por culpa vuestra le deseo un trato más..., especial...

No sabía el porque de la parálisis de Rydar, pero si el no sabía lo que iba a pasar yo si lo sabía, porque todos los finales eran los mismos cuando Beorc y Laguz se juntaban con una espada de por medio, y le grité a Rydar que me soltase, casi histérica, mientras el miraba atónito a aquel maldito mercenario. Por un instante me rendí y alcé la vista, mirando a aquel pequeño llorar como lo había hecho mi propio hijo. Sabía como iba acabar aquello, y sin embargo, no podía apartar los ojos, y cuando la daga salió a la luz por fin, como yo esperaba, también me paralicé, porque cada vez que la daga se hundía en aquella carne tierna y joven, se clavaba en la mía propia. No había expresión en mi rostro, ni siquiera en mis ojos, que se habían vuelto vacíos y desprovistos de brillo, mientras veía la sangre chorrear pesada y espesa sobre la arena, y cada gota nueva que caía era la sangre de mi hijo, escapándose junto con el aire que le arrebataron, y en aquel caso, con la sangre que habían derramado.

!!!Y ahora, el postre!!!, !!!Brick, Zeolon, Feras!!!, !!!sacad nuestras mascotas!!! Bien pequeños !Es hora del festín!

Aquella parte para mi era nueva. Ver a un lobo a una tigresa enloquecidos de aquella forma fue un horror, y ver como el cadáver de aquel pequeño niño se deshacía entre sus fauces se convirtió en un verdadero horror. En mi cabeza, era mi propia familia destruyéndose entre si, con aquel apetito voraz del odio y la sed de sangre, del hambre por arrebatar la vida, por destruirlo todo. El olor a sangre y a carne cruda nos golpeó en la cara a Rydar y a mi, y fue entonces cuando retomé los forcejeo, cada vez más enfurecida. En aquel momento no era consciente del torrente de insultos, blasfemias y palabrotas que salían por mi boca, dirigidas a Rydar junto a su parálisis por shock, y al mercenario asesino.

-¿Veis?, ha sido divertido ¿verdad?, JAJAJAJA..., !!!así es como deberías ser tratados todos, como mascotas, como bestias listas para alimentar a los Beorcs!!!, buenos chicos, buenos Feralis...

Mi mente comprendió en aquel momento aquella fiereza y fuerza que tenían aquellos Laguz... eran Ferals.. Drogados hasta arriba, convertidos en criaturas horribles. Miré a aquel lobo con el morro manchado de sangre, la mirada perdida y frenética, que buscaba por todos lados un segundo cadáver que desgarrar, otro torrente de sangre con el que alimentarse e intentar calmar aquel horror que lo consumía por dentro. ¿Querría volver a ser alguien normal? ¿Realmente había elegido lo que era o lo habrían obligado? Cualquiera de las dos opciones obligaría  a quien lo encontrase a mantenerlo encerrado por propia seguridad. Por su aspecto, sería imposible que aquellos animales sin razón alguna recuperasen el humano que llevaban dentro, porque no hacía falta ser un genio para ver que estaban completamente hundidos en aquella locura de muerte y sangre. La única forma que habría de liberar aquellas pobres almas sería matándolos, y al mirar al lobo supe que yo no tendría la fuerza de voluntad suficiente para atacar a aquella criatura, porque cuando miraba sus ojos pensaba que Kurtz podría haber sido él... ¿habría sido capaz de matar a Kurtz con mi propia espada si se hubiera convertido en algo así?

Entonces algo cambió a mi alrededor. La parálisis de Rydar se transformó de pronto en algo tan blando como la mantequilla y se retiró de mi alrededor. Al verle caer en la arena pensé que estaba desmayándose ante aquel horror, y no le culpaba, cualquier persona normal lo habría hecho, pero yo había visto demasiada sangre, y me extrañaba que Rydar se desmayase con algo así después de la demostración acuática con los peces. Escuché la arena crujir entre los dientes mientra la tormenta se enfurecía con nosotros, azotaba mi cabello de un lado a otro con la ira de un dios, y los truenos tronaban a nuestro alrededor, volviendo los sonidos lejanos, casi tan lejanos como el punto donde nacían os relámpagos que iluminaban la macabra escena.
No necesité mucho más tiempo para reaccionar. Mientras el cuerpo de Rydar se convulsionaba en todas direcciones y cambiaba en una maraña furiosa y con los sentimientos agitados, con una gran frialdad di la espalda a aquel teatro mortal y saqué los mandobles de sus vainas, dejando que el sonido del metal rozando la madera al salir llenase el aire. Las frías empuñaduras estaban mojadas, pero como siempre, el frío metal se traspasó a mi mente, convirtiéndome en lo que me había entrenado siempre. Una maquina de matar, con dos mandobles como brazos.

Durante un segundo, aquel Rydar con las emociones descontroladas, garras como manos, ojos felinos y pelo erizado nos miramos. Aquella mirada me dijo mil cosas, pero sobre todo una. Él no era un asesino, ni quería serlo. Yo, irremediablemente, ya lo era, así que en aquel instante me juré una cosa, sencilla y compleja al mismo tiempo. No iba a permitir que él se manchase la manos con gente como aquella, que no merecía ni el aire que respiraban, ni siquiera merecían estar vivos. Rydar era más que eso, y mis manos ya estaban manchadas, un poco más de sangre no me haría daño. Solo eran cuatro, mientras Rydar me ayudase cubriéndome la espalda, podría matarlos a todos con cierta facilidad. De todas formas eran eso, mercenarios, y yo era una más de ellos. Me sabía todo los trucos de aquellos mercenarios de puerto, y sin embargo, ellos no conocían ni siquiera mi forma de empuñar una espada.

-Me pido los Laguz...

-Déjame a mi a los Beorc... a todos. Solo cubre mi espalda.

Ordené con determinación y todos los músculos tensos de mis piernas se accionaron. Eché a correr empuñando ambas espadas, dirigiendome directamente a por el mercenario que había matado a aquel niño. No había podido salvarlo, pero iba a vengarlo, aunque no fuera de mi sangre, porque cualquiera que le hiciera daño a un niño, y más aun por la estupidez de que no eran iguales, era lo peor.

Mis pies se hundían en la arena mojada mientras mis manos se cerraban alrededor de las empuñaduras. Con un grito de ira dejé que cortasen el aire y alcé a Bloody Wrath apuntando al abdomen de aquel hombre con fiereza, mientras me cubría un flanco con la otra espada, llena de ira y de odio, pero con la menta fría y los reflejos a punto para reaccionar ante cualquier cosa. Quería atravesar lo una, y otra, y otra vez, tantas veces como el lo había hecho con aquel pequeño y después dejar que aquellos ferals lo devorasen, era lo justo. Así era la cruel justicia de aquel mundo, o tal vez solo era la mía, pero iba a cumplirlo pasara lo que pasase.
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« Reply #23 on: April 08, 2011, 05:56:02 am »

    Con la impulsividad que la caracteriza, Déteka se lanzó de cabeza contra los mercenarios, empuñando Bloody Wrath en una postura ofensiva, y su otra espada usándola a modo de defensa pegada al costado, tapandose una posible apertura, se lanzó contra su objetivo principal el infame jefe mercenario Bolgk, apuntando a sus tripas lanzó una estocada brutal, capaz de atravesar un jabato de parte a parte, sin embargo, su espada no probó el sabor de la sangre, pues justo cuando iba a impactar en las tripas de Bolgk, por el rabillo del ojo, percibió una sombra que se movía con una velocidad pasmosa, entonces un acero se interpuso en su camino, bloqueando su espada a escasos centímetros de su objetivo.

      Había sido una espada de hoja fina y larga, preparada para manejar con una mano, Feras, uno de los subordinados de el jefe Bolgk parecía tener habilidad increíble,  por lo visto  no era para nada manco, pues había sido capaz de parar, con su espada un golpe mortal.

-Jajajaja, bien hecho Feras, eres un excelente espadachín, pero ahora dejadme a que le devuelva el saludo a esta furcia tetona.- Dijo el jefe Bolgk, entonces de su espalda desenfundó una enorme hacha de combate de 90 cm, con ambas manos, soltó un golpe brutal hacia la cabeza de Déteka.
Por pura suerte y gracias a su descomunal fuerza la chica pudo parar el golpe, desviarlo, y echarse unos pasos atrás para observar la situación con más detenimiento.

      Si Déteka se hubiera parado a pensar y observar antes de actuar, habría descubierto que la situación estaba bastante jodida.

      Pero ahora tras el hachazo se puso a observar el entorno intentando analizar toda la información posible, digamos que se podría dar cuenta de esto....

-Bolgk, llevaba una enorme hacha y era del tipo luchador, lento y muy potente, su estrategia se basaba en descargar sus potentes golpes de hacha para cercenar al enemigo o en caso de que fuera lo suficientemente fuerte para soportarlos, desestabilizarlo y provocar una apertura, dándole la oportunidad a Feras o a Zeolon de atacar ese punto flaco.

-Feras:  porta una espada ligera, resistente y larga, lo que le permite moverse a gran velocidad y agilidad, por el contrario tiene poca defensa o resistencia, es del tipo mirmidón, prefiere el enfrentamiento indirecto, es decir observa unos pasos alejado del objetivo hasta que ve una apertura, y se lanza hacia ella.

-Zeolon, tipo arquero, se mantiene alejado disparando sus flechas creando aperturas o aprovechando que enemigo esta ocupado peleando con Feras y Bolgk para matarlo a distancia, cuerpo a cuerpo es totalmente inútil, si eras capaz de alcanzarlo sin morir, saeteado.

       Una flecha pasó zumbando , rozándole la cara, había estado a centímetros de morir atravesada, por fortuna el viento se había levantado en el momento justo, salvándole la vida, una oportunidad como esta no volvería a suceder, tras esto observó como Bolgk se lanzaba contra ella enarbolando su gigantesca hacha....

   En cuanto a mi estaba bien fastidiado, la tigresa había asumido el papel de tanque recibiendo todos mis golpes, mientras el lobo intentaba hincarme sus fauces en los costados intentando debilitarme.
Sin embargo me defendía como podía y a la tigresa le había echo un buen par de rajas en la cara,además  de un buen mordisco que le hice en la pata derecha. Sin embargo seguía como nueva, atacando con toda la fuerza que tenía, parece que la droga además de hacerte fuerte te insensibilizaba al dolor. El desgraciado del lobo me tenía exasperado, era muy rápido y sus dientes ya habían probado mi carne varias veces, mi lomo estaba ensangrentado, y las marcas de sus fauces me habían arrancado una buena parte de mi carne, me estaba comenzando a agotar, por lo que si seguía asi, pronto me comerían vivo, el problema estaba en el jodido lobo, su agilidad no me permitía atraparle, ni tampoco  centrarme  en la tigresa. Tenía que conseguir limitar sus movimientos. Pero ¿como?.
Miré a Déteka, ella parecía que también estaba en problemas...
Este breve despiste me costó caro, pues la leona me dio un zarpazo en la cara.

   Cuando mi cabeza se ladeaba a consecuencia de la fuerza del golpe, entre en contacto con el mar, ahora estaba turbulento, picado, las olas embravecidas y potentes  parecían intentar darnos ánimos para seguir, o visto de otro modo teniendo su pelea particular con la orilla, pensé que si alguién cayera entre sus olas en este instante, sería zarandeado y  sepultado por ellas sin compasión.
Entonces se me ocurrió una idea...!pues claro el mar!, si era capaz de llevar la pelea a la orilla, el agua limitaría los movimientos de estos dos Feralis del demonio, sus patas, al hundirse en el agua, se moverían más lentamente y le costaría mas trabajo golpearme, o en el caso del lobo cogerme por el costado, sin embargo para mi sería el mismo caso a menos que...usara esa técnica, la semiforma, transformado en un ser mitad león mitad Laguz podría mantenerme erguido en dos patas, mientras podría usar libremente las manos para atacarlos, además de que mi altura alcanza 1,90 por lo que podría hundirme más que ellos en el agua.

   Con una sonrisa pícara comencé solo a defenderme, haciendo ver que perdía terreno, dirigiéndo a los Feralis hacia la orilla poco a poco, por fortuna con la droga su capacidad de raciocinio se vería alterada, solo centrándose en atacarme, y no pensando en nada más

 
« Last Edit: April 08, 2011, 06:04:00 am by Rydar » Report Spam   Logged

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« Reply #24 on: April 10, 2011, 05:59:57 pm »

Sentía le frío lamerme la piel y atraparme en sus garras, entumeciendo mis músculos y haciendo que la adrenalina se moviera con mayor fuerza por mi sangre, intentando contrarrestar el efecto de la devastadora tormenta que se desataba  a nuestro alrededor.
El ruido del metal de las armas al chocar con contundencia se confundió con un trueno. El metal vibró y gruñí de una forma muy poco femenina mientras aquella vibración brutal recorría mi brazo hasta el hombro haciéndome temblar. Me retiré unos pasos y entonces fue cuando me percaté. Aquel hombre con la espada fina podría no resultar una dificultad muy grande, un golpe contundente y una defensa adecuada con mi segundo mandoble y no me costaría demasiado dejarlo fuera de combate, pero aquel hacha bestial  y pesada si podía ser un problema.  El arquero era simplemente una jodida distracción. Las flechas caerían sobre mi una y otra vez, y tendría que esquivarlas o bloquearlas, ya que carecía completamente de armadura, realmente, seguía en bragas, y mis pechos sin el corsé se movían demasiado para lo que estaba acostumbrada. El cuero negro mantenía mi cuerpo sujeto y apretado, y me ayudaba a mantener una respiración contante ya que necesitaba llenar bien los pulmones con la apretada prenda.

Jajajaja, bien hecho Feras, eres un excelente espadachín, pero ahora dejadme a que le devuelva el saludo a esta furcia tetona.

Le miré furiosa, aquel monstruo macabro y degenerado no paraba de llamarme furcia, y eso no iba a ayudar a que su muerte fuera más suave. Iba darle el trato que se merecía, es decir, el de una mierda como una montaña de grande. Golden Wrath brillaba con cada relámpago, con el filo apuntando aún al vientre de aquel gordísimo hombre. Aquella era una espada hermosa y equilibrada, era mi espada personal de la justicia. Aquella hermosura representaba lo poco bueno que quedaba en mi. Era la espada que mataba a quien no merecía vivir.

Con la lluvia el sonido del arco tensándose pasó inadvertido para mi, hasta que vi la punta brillar en mi dirección. Me eché hacía un lado y sentí el dolor del arma rasgando la piel de mi mejilla, en el pómulo, afilado y mortífero. Un poco más y me habría abierto la mejilla.
No me dio tiempo de alzar la cabeza lo suficiente como para ver al gordo alzando aquel hacha pesada en mi dirección. Me retiré un par de pasos y alcé ambas espadas, con todo el dolor de mis músculos, al soportar la brutal descarga que me hundió los pies en la arena y me arrastró por ella, haciéndome arañazos en los pies.  Odiaba estar con las espadas cruzadas en x por encima de mi cabeza, porque estaba completamente desprotegida.

Eché un vistazo de un escaso segundo a Rydar y le vi con problemas. Tenía que hacer algo con el lobo si quería librarse de la tigresa con facilidad. ¿Una buena patada con la semiforma podría conseguir que le dislocase la mandíbula al animal?

 Respiré hondo y empujé hacia arriba la X, deshaciendo la y provocando la retirada de aquella hacha pesada, que había estado luchando en una tensión afilada y mortífera en busca de alcanzar mi cuero cabelludo para abrirme la cabeza, en vano. Aquel hombre seguramente esperaba una simple mujer envalentonada, con un arma grande, pero no la guerrera que era yo, forjada por el dolor y el sufrimiento, el entrenamiento y el sudor.
Me retiré ligeramente en una pose defensiva, analizando a los enemigos, y buscando entre ellos un punto flaco. Me cubrí un hombro contra una flecha que salió disparada y esta rebotó contra el filo del arma, aunque supuse que le habría hecho una muesca y me cagué en sus antepasados mentalmente. Tenía que sacar de juego al maldito arquero, pero para ello tenía que desbancar al mirmidoncete que había por medio, o colarme por su defensa. Alcé ambas espadas y giré en redondo, buscando el estomago del mirmidón con un giro con ambas espadas a mi alrededor. Si esquivaba el primero intentaría atacarle nuevamente con la fuerza que el giro le diera a la segunda espada, e intentaba moverme lo más rápido que me permitían mis movimientos de mercenaria, porque tenía que evitar el hacha a toda costa hasta que estuviera solo.
« Last Edit: April 11, 2011, 01:52:42 pm by Déteka » Report Spam   Logged

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« Reply #25 on: April 12, 2011, 06:02:29 am »

Tras sobrevivir al meteórico golpe del hacha con el que el jefe mercenario Boglk intentó partirla por la mitad, Déteka tomo un poco de distancia y se colocó en una postura defensiva, la estrategia  de ataque del grupo de mercenarios era perfecta, pero la muchacha al ponerse a pensar se dio cuenta de un punto débil, toda la base del ataque y la defensa se basaba indirectamente en el Mirmidón, si conseguía eliminarle, la batalla probablemente estaría a su favor.
Tras pensar esto, se lanzó de cabeza contra el espadachín intentando cercenarle con las dos espadas, describiendo un movimiento semejante a un molinete, en el que abandonaba la defensa, en post de un ataque mortal.
La lucha entre ambos contendientes, Feras el mirmidón, y Déteka la mercenaria, era frenética, la cosa estaba bastante igualada, pues uno era muy rápido y la otra era muy fuerte, sin embargo mi querida compañera no tenía solo que mantener la atención en el espadachín, sino que tenía además debía vigilar a sus compañeros si quería que no la trocearan como un vulgar y sexy trozo de carne.
Esquivó como pudo un poderoso hachazo del jefe y paró con presteza un flechazo del arquero,
Mientras estos intentaban preparar un siguiente golpe, la muchacha no se lo pensó, observó por el rabillo del ojo que el mirmidón se le acercaba por la espalda, así que calculó bien el momento justo en el que atacar y con sus dos hojas giró hacia la derecha en un corte de 360º, con el que sorprender al espadachín con un golpe brutal.
El pobre muchacho reaccionó con una velocidad increíble y gracias a ella no murió cercenado por la mitad, su espada paró la primera hoja de la muchacha, pero no vio venir el segundo ataque lo suficientemente rápido como para pararlo en el momento justo, lo que tubo como consecuencia que el mandoble de Déteka le cortara el brazo izquierdo.
El grito del mercenario fue aterrador, seguramente tan potente que el alarido y el sonido de la lucha, habría llegado al pueblo, las personas al escuchar el ajetreo rápidamente se dispusieron a seguir el sonido de las espadas...
El pobre Feras hizo lo único que podía hacer, caminó algunos pasos hacia atrás y se colocó a la espalda de su jefe, con intención de que este lo protegiera el tiempo necesario para cortar la hemorragia e intentar recuperarse.
Ya solo quedaban dos mercenarios y ¾, la lucha empezaba a cambiar de dirección.

Por mi parte había conseguido llevar a mis hermanos a la orilla del mar, estaba completamente molido, los zarpazos y mordiscos inundaban mi cuerpo, mi vista se nublaba, la sangre borboteaba, por lo que sabía que estaba a punto de perder el conocimiento.
Sin embargo, visualizar la macabra imagen del cachorro asesinado brutalmente hizo que las pocas fuerzas ocultas que me quedaran salieran a la luz.
Fue entonces cuando por primera vez desde que comenzó la lucha, pude esquivar el ataque del lobo y además parar a la vez el zarpazo de la leona, rápidamente miré donde nos llegaba el nivel del agua, en mi caso, prácticamente a las rodillas leónidas, pero a mis enemigos ya casi les tocaba el abdomen.
En ese momento de respiro aproveché para alcanzar mi semiforma, cerré los ojos, concentrándome, dejé que mis emociones humanas y mis emociones Laguz se juntasen en un mismo cuenco, el negro y el blanco se mezclaron para formar un nuevo color, el gris.
Abrí lo ojos, y les lancé u rugido poderoso, mi enemigos habían disminuido de tamaño dramáticamente, parecía pequeñas ardillas bajo un gran árbol, su cara era de pavor, no comprendían nada, con su limitado raciocinio por la droga solo hicieron lo más evidente, atacar ambos a la vez. 
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« Reply #26 on: April 13, 2011, 05:09:11 pm »

Tal y como había planeado, aquel ágil mirmidon fue capaz de anteponerse al primer golpe, pero el segundo, más horrible y demoledor, le dio de lleno. El mundo se detuvo ante mis ojos y vi a cámara lenta su expresión, como ver venir la muerte y sentirte impotente, porque todo lo que podías hacer ya estaba hecho, y no había forma de cambiar el destino. La fuerza de mi espada era tal que ni siquiera llegué a sentir como se quebraba el grueso bajo el filo, tan solo era capaz de ver con frialdad como la espada se hundía en su carne, cortando músculo y tendón, todo aquello que era su brazo izquierdo hasta separarse por completo del cuerpo con un chorretón de sangre que me alcanzó el pecho según el giro de la pesada espada continuaba su trayectoria hasta que fui capaz de detentarla.

Su gritó llenó el espacio a nuestro alrededor, desgarrador y herido, lleno del dolor físico y psicológico que podía representar para un guerrero, ya no su arma, si no su medio para utilizarla, los brazos, que también eran un propio arma en si.
El gordinflón parecía impresionado ante tal demostración de brutalidad por mi parte, como si hubiera dejado de ser una fulana para ser una simple mercenaria. Los hombres no solían esperar que una mujer con mi físico pudiera no ser delicada y femenina, pero bueno, de todas formas ninguno era capaz de fijarse en el tamaño los músculos de mis piernas y brazos, solo del tamaño de mis mamas.

Les miré a todos y no perdí tiempo. Mirmidon fuera, siguiente paso. El arquero. Corrí hacía él, que intentó tomar distancia para usar el arco pero fue en vano. Solté uno de los mandobles, que se clavó en la arena, y le asesté un puñetazo en la cara, derribandolo a la arena. Una vez en el suelo, con los brazos y las piernas temblorosas, alcé el pie y le pisé con toda mi fuerza el hombro con el que tenía que sostener las flechas. Sentí los huesos quebrarse bajo mi pie, romperse en pedacitos bajo la fuerza aplastante de mi ataque y me retiré, recuperando mi espada. 

Tomé nuevamente la espada y miré al jefe, que ahora estaba solo, con un lisiado a la espalda y un hombre gimiendo en el suelo, agarrándose el hombro destrozado. Estaba completamente solo con su hacha, pero no lo iba a matar ahora, esperaría a que Rydar estuviera conmigo. No le daría el placer de que cerrase los ojos ante los horrores que había cometido, así que ahora iba a atacarle con todo lo que tenia. Alcé ambas espadas y me lancé a por él, intentando atacar los dos flancos a la vez desde el frente. Con el hacha, se vería obligado a solo cubrir uno, porque el peso no le permitiría manejara con una mano, y podría infligirle daño en algún punto del abdomen por el lateral que fuera, o al menos, eso esperaba....
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« Reply #27 on: April 27, 2011, 09:21:34 am »

Mire por el rabillo del ojo… Déteka había conseguido deshacerse de dos de sus adversarios pero ante el jefe se había parado, parecía indecisa, como si estuviera esperando a algo, sus ojos marinos me dirigieron una mirada de premura, decían que me diera prisa.

Justo entonces mis dos hermanos se lanzaron contra mí a la vez, sus fauces apuntaban a mi garganta, esperando así arrancármela de cuajo, pero ellos no sabían la agilidad que yo poseía en el agua gracias a mis dos piernas, de manera que mientras los veía avanzar a trompicones en el agua, preparé las piernas, las encogí un poco para el salto, cuando los dos laguz estuvieron encima de mí, preparando su salto para degollarme, salté por encima de ellos tomé sus cabezas y las estrellé entre sí con todas mis fuerzas, el golpe fue brutal, otro laguz abría muerto sin embargo estos eran Feralis y eran duros de matar.
Con el golpe conseguí que se aturdieran, lo que me dio tiempo para aterrizar en el suelo marino, darme la vuelta, coger a la tigresa aturdida por el cuello y con un giro de manos, retorcérselo hasta matarla, al lobo lo levanté en  peso, lo llevé a la orilla y lo lancé a suelo con todas mis fuerzas, el golpe le partió varios huesos, dejándolo medio muerto, miré a mi querido hermano, transformado en una bestia drogada y sin razón, por un beorc cruel y malvado.

En sus ojos veía cólera, pero en el fondo de sus cuencas veía una súplica….quería que le aliviara su dolor, no quería seguir siendo un animal drogado, que hiciera daño a los demás, mi corazón se llenó de pena, no quería ser un asesino, pero, tampoco podía ver a un hermano transformado en este monstruo, así que como hice con la tigresa, le partí el cuello, una muerte rápida e indolora.
Tras terminar, me dirigí rápidamente hasta donde estaban Déteka y el mercenario, la lucha final comenzaba, observé a mi querida compañera a los ojos, y le mostré una mirada triste con mis ojos verdes, me había convertido en un asesino, aunque fuera solo por misericordia.
Miré entonces con odio a mercenario, en mi estado de semiforma, tenía ganas de matarle morderle en los intestinos hasta que no le quedaran más que huesos y tendones, pero eso no me convertiría en alguien mejor que él así que me detuve un momento a pensar, entonces escuché el ruido del gentío, giré la cabeza hacia donde provenía el ruido y me sorprendió lo que vi…, la gente del pueblo se acercaba a la playa, seguramente ante el sonido de la pelea…Fue entonces cuando una interesante idea ocupó mi mente…Lancé una sonrisa pícara y le dije a Déteka.

-Puedes sacarle los ojos y mutilarlo un poquito si es que así tu corazón descansa…pero…no lo mates… tengo pensado un castigo que nos mismo nos satisface mas…

Así con un tono de voz burlón me transformé en león y me dirigí al ataque contra el mercenario…
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« Reply #28 on: April 28, 2011, 04:30:28 pm »

Desde mi posición defensiva el fragor de la batalla animal resultaba aterrador, pero para mi era algo que traía horribles recuerdos. Los gruñidos y el sonido de las dentaduras chocando al no alcanzar a su objetivo ahogaba el sonido de la lluvia, que ya no era tan fuerte, pero las nubes de las que nacían las gotas de agua eran tan negras como el carbón. Desvié la atención de todo lo que me rodeaba para intentar enfriar mi mente, alejar los recuerdos y los pensamientos para concentrarme en lo que se me venía ahora, literalmente.

El hacha de aquel hombre volvía a lazarse con el mortífero filo por delante y la aplastante fuerza por detrás. Ambas espadas volvieron a cruzarse para contener aquel golpe bestial que intentaba partir en dos mi cuerpo. Mi mirada iracunda se cruzó con la suya, que reflejaba muchas cosas y ninguna buena.

Miedo, arrepentimiento, desesperación, todo aquello se veía plasmado en el brillo de sus ojos, mientras intentaba enarbolar su hacha dando un paso hacia atrás, a la espera de que fuera yo la que atase, pero no sería tan estúpida. Con un arma tan pesada, un ataque suicida tenia mínimas posibilidades de surtir efecto sin que te mataran en el camino, y aquel sucio bastardo no se merecía que yo me arriesgara lo más mínimo. Terminaría con él de todas formas en cuanto Rydar entrase en el combate para distraerlo.
Un quejido lastimero llegó a mis oídos, y el silencio que lo sucedió me hizo temblar. La lupina voz se había apagado, pero aquello era lo mejor para todos. Un alma atormentada por las drogas y el resto del mundo, por mucha pena que pudiera suponerlos a Rydar y a mi la muerte de un Laguz, especialmente para mi, un lobo.  

Una enorme figura se plantó a mi lado, cubierta de un bello dorado que se veía apagado, desprovisto de rayos de sol que lo iluminaran, y al mirar los ojos verdes una pequeña conexión me llegó al pecho. Le miré con una triste sonrisa en los labios. Entendía su dolor, ambos nos habíamos convertidos en asesinos, uno por capricho del destino, y el otro por la pura sed de venganza. Me daba pena ver aquella parte de mi reflejada él. No deseaba que nadie se sintiera tan hundido como yo, tan lleno de nostalgia y tristeza que la muerte se transformaba en un descanso, en vez de algo que temer.  

-Puedes sacarle los ojos y mutilarlo un poquito si es que así tu corazón descansa…pero…no lo mates… tengo pensado un castigo que nos mismo nos satisface mas…

Asentí con la cabeza, y, sabiendo que Rydar me guardaría la retaguardia, ataqué. Una estocada firme y devastadora se lanzó contra su abdomen, y al alzar el hacha para intentar cercenarme el brazo, perdió el equilibrio por el peso de su espada, librándose de mi ataque por una buena caída de espaldas contra la arena mojada. Alcé mi espada y la clavé con furia en el centro de su palma izquierda, la cual había quedado libre. Desprovista de una espada, y a sabiendas de que Rydar lo quería vivo, tomé la espada y atravesé limpiamente la palma de su mano.

-¡A los niños nunca se les hace daño! -Exclamé iracunda antes de darle una patada con toda mi fuerza titánica en el estómago. Sentí las costillas crujir bajo mi fuerza y un chorro de sangre que salió disparado de su boca me manchó los pies.- No importa como sean. Nunca. Solo son niños...

Mi voz se cortó un instante al pronunciar aquello. La lluvia entumecía con su frío mis músculos y mis manos cayeron al suelo. Clavé la otra espada en la mano que tenía medio enterrada bajo el hacha, con un par de dedos que se habían cortado con el filo de su propia arma al caer.

-Ry... haz lo que sea... pero por favor borrarlo del mapa. Como siga sé que lo voy a matar...
Murmuré, mirando las espadas que lamían ávidas la sangre que nacía de las heridas. Las había dejado allí para no tener la tentación de hundir los filos en su pecho y arrastrarlos por el vientre, abriendo las tripas en dos y dejando que los animales carroñeros se lo comieran hasta los huesos.

« Last Edit: April 28, 2011, 04:33:02 pm by Déteka » Report Spam   Logged

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« Reply #29 on: May 10, 2011, 05:59:33 am »

Mis palabras desataron las cadenas que mantenían atada de mi querida compañera Déteka, con la fuerza de una diosa de la naturaleza se lanzó en post de vengar la muerte de la pequeña cría de león; sin embargo, sabía que mi advertencia estaba en su cabeza, fácilmente mi compañera podría haberle cortado la cabeza fácilmente.

Tras lanzarlo a suelo, le pegó una patada en el torso, fue tan fuerte, que aún a lo lejos se pudo escuchar el sonido de los huesos rotos bajo su pié.
En los ojos de Déteka  se percibía su rabia asesina, pareciera que iba a matar al mercenario, sin embargo…no lo hizo, con sumo esfuerzo y una gran dosis de autocontrol, Déteka consiguió enjaular su furia asesina, clavó al suelo al mercenario por las manos, los mandobles de mi amiga eran los clavos de la justicia que inmovilizaban al criminal.
La chica comenzó a gritarle, diciendo que a los niños jamás se les hacía daño…su voz al principio iracunda, se quebró al final, como si la angustia o la pena la atormentaran en ese momento.
Me miró entonces…me suplicó que hiciera algo…si no, al final lo mataría...
Le sonreí tristemente, sabía por lo que estaba pasando, debía estar sufriendo mucho, el asesinato el leoncito había sido un golpe muy bajo para los sentimientos de Det, suponía que mientras el pobre cachorro era brutalmente asesinado, mi amiga debe haber sentido cada puñalada en lo más hondo, recordando con ellas, su terrible pasado.

Para mí también había sido impactante, la muerte de la cría martirizaría muchos de mis pensamientos durante un tiempo, no era capaz de comprender esa crueldad Beorc ante no solo una raza amiga, sino además ante un pobre niño.
Me acerqué a Det y sin dejar que reaccionara, la tomé entre mis brazos y la abracé con desesperación, no sé por qué, pero besé su pelo rosado, en señal de consuelo, sabía que estaba furiosa e irascible, pero creo que necesitaba esto…saber que no estaba sola y que la ayudaría, a partir de ahora decidí que aunque estuviéramos separados, siempre la acompañaría, al fin y al cabo, era la otra cara de mi moneda.

-Tranquila Det…-le susurré mientras la abrazaba- calma tu ira, calma tu pesar…déjame esto a mi…

Los habitantes del pueblo por fin llegaron a la playa, se quedaron perplejos con la escena…tres hombres muertos y dos enormes Laguz con el cuello partido, en el centro un mercenario gigantesco, empalado con unas espadas con las manos y un Laguz y una Beorc abrazados….La escena como se puede comprobar…era como poco extraña.

-Mátenlos-dijo el mercenario-ese león asqueroso y su zorra ha secuestrado y asesinado una pequeña cría Laguz, nosotros solo intentábamos detenerlo per…-Entonces rugí, el ruido ensordeció sus palabras, le pegué un brutal puñetazo en la boca…le partí la mandíbula, así no hablaría.

Los aldeanos comenzaban a enfurecerse, solo sabían que se había cometido un asesinato, y que no conocían al culpable, los llantos de la pobre madre Laguz de la cría se superpusieron al ruido del gentío.

-¡Como habéis podido!, acaso no  somos hermanos de raza…!no mereces vivir!

El pueblo comenzó a gritar de furia, todos comenzaron a sacar las armas, espadas, lanzas horquillas y se dirigieron hacia mí y Det, puse a mi amiga detrás de mí, en parte para evitar que se lanzara contra los pueblerinos…no quería una matanza.
Me acerqué tranquilamente a la muchedumbre enfurecida, y cuando estuve a dos pasos de ella, me arrodillé en señal de perdón.

-La única culpa que tenemos es la de no poder haber evitado su muerte…no reaccionamos los suficientemente rápido, lo sentimos, en cierto modo…somos asesinos. ¡Pero no nos culpéis de este asesinato horrible! ¡Aquí solo hay un culpable! Y está empalado allí mismo, este despojo criminal, ha transformado a hermanos nuestros en Feralis y los usaba como perros salvajes para asesinar gente, este hombre con sangre fría apuñaló a vuestro hijo y luego lo echó como carnaza a nuestros hermanos enloquecidos, si queréis pruebas, tomad la daga que se encuentra enfundada en su cintura y dádsela a la madre, que pruebe la sangre, hay heridas que nosotros los Laguz simplemente las lamemos para curarlas, como cría traviesa, su madre debe haber probado su sangre más de una vez…

La madre desesperada, se acercó al mercenario, sacó la daga y la lamió,  entonces unas lágrimas recorrieron su rostro…

-¡Es cierto, sabe a mi hijo! ¡Este Hombre lo ha matado! ¡Muerte al asesino!...
-¡MUERTE AL  ASESINO!-dijo todo el pueblo…
Como una ola embravecida, el pueblo se lanzó hacia el mercenario sin ningún miramiento empezaron a apalearlo….
-¡No lo matéis rápido…que sufra…como sufrió mi hijo!-dijo su madre desesperada.

Laguz y Beorcs juntos…trabajando al unísono, codo con codo, la pena fue la circunstancia, la muerte y tortura de un semejante, puñaladas, sangre y mordiscos solaparon la música de las olas, el mercenario berreaba de dolor, sus tripas volaron, continuaba vivo, sus ojos saltaron…continuaba viviendo, su corazón apareció en las fauces de su madre…un grito desesperado fue el réquiem de este mercenario, destrozado por la violencia salvaje de un pueblo enfurecido…
Me dirigí a Det y puse una mano en su hombro…

-Parece que el desenlace ha sido un poco salvaje…espero que estés bien Det…
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